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Björk- Cornucopia

Por: Andrés Lupone

Después de su ultima presentación en el festival Ceremonia 2017 la icónica cantante islandesa regresa a la ciudad para presentar su último disco (Utopía) en una espectáculo íntimo y a la vez potente en el foro del Parque Bicentenario.

Ver éste tipo de espectáculos son todo un estímulo visual, sensorial y auditivo. Ver un show de Bjork en esta época es como ir a Broadway a ver una mega producción llena de pequeños y grandes detalles que hacen que no pierdas la atención ni un segundo. 

El show tuvo un desarrollo paulatino y muy bien logrado. Al apagarse las luces salen dos filas de coristas posicionándose en perfecta simetría abajo de la tarima del escenario. Se paran y toman una breve pausa en lo que el conductor sale a dirigirlos. En el momento en el que el conductor mueve su mano para indicar el principio, el grupo de coristas empezó a interpretar unas composiciones vocales que se sentían mitad influencia africana y mitad compositores minimalistas como Phillip Glass. Fueron composiciones llenas de poli ritmos y harmonías. 

Lo más bonito de ese momento fue el hecho de que tan sólo con cuatro micrófonos distribuidos en el escenario fue suficiente para capturar el sonido de todos como grupo. El volumen era notablemente más bajo que el decibelaje al que estamos acostumbrados en éste tipo de conciertos, cosa que resulta muy refrescante en una era de alto volumen.

Al acabar éste preludio, el grupo de coristas (llamado Staccatta) se retiró en la logística inversa de su entrada y las luces se apagaron para proyectar visuales 3D de la misma Bjork en una especie de alter-ego virtual sumergida en un fondo totalmente psicodélico. Éste fue el acompañamiento visual para “The Gate”, una canción de su nuevo disco. 

En la segunda rola (La homónima del nuevo disco) la pantalla de visuales se abrió y vimos a la cantante con una parte de sus músicos: un septeto de flautas transversales (instrumento que forma una papel fuerte en su nuevo disco). Era impresionante la elegante coreografía que las flautistas empleaban mientras tocaban el jugoso arreglo de la canción.

A la tercera canción las pantallas se abrieron por completo y nos revelaron la sección rítmica-electrónica del ensamble: El productor (y frecuente colaborador de Bjork: Arca) y el percusionista utilizando una batería electrónica cargada de sonidos futuristas. Lo más impresionante no estaba en los sonidos, sino en la naturalidad que se sentía en su ejecución del instrumento, sin dejar de sentirse orgánico y tocado por un humano.

En la cuarta canción Bjork se metió a una cúpula de techo alto y claramente diseñada para crear una acústica natural. Dentro de la cúpula se echó una canción de ella sola cantando que viene de mi disco favorito de ella: “Medúlla” (Album en el que experimenta al limitar la instrumentación a la pura voz, ya sea a-capella o beatbox).

El hecho de que la cantante islandesa haya invertido en traer un una cúpula en su gira nos dice que a pesar de tener todos los fondos para traer lo que sea que se le antoje, en vez de invertir en algún efecto que simule reverberación, ella prefirió invertir en traer consigo los recursos para generar fenómenos de acústica desde cero. Este hecho marca la congruencia con la misión que tiene en sus espectáculos: el fusionar la naturaleza con la tecnología.

Quizás el momento del espectáculo que mas me impresionó fue cuando el percusionista trajo consigo un tanque de agua con un micrófono dentro. En la primera parte de la canción utilizó el agua misma como un instrumento. Con unos cuencos de madera tiraba y recogía el agua del tanque y al ser microfoneado daba un efecto que sonaba como algún proceso electrónico de una grabación de agua, pero al ver como se hacía en vivo no se perdió la noción de que un humano estaba realizando todas estas acciones.

En la segunda mitad de la rola el baterista volteó los cuencos y comenzó a tocar un ritmo tribal encima de ellos. A pesar de que ritmo estaba siendo tocado encima de instrumentos acústicos, el sonido que estos producían era totalmente futurista, con un alto énfasis en las frecuencias más bajas.

Otro momento que destacó del espectáculo fue cuando bajaron un aro que estuvo escondido en el techo toda la primera parte del show. Todo el mundo se preguntaba que hacía ese aro en el techo, cualquier persona pudo haber asumido que se iba a tratar de algún artefacto con fines estéticos, pero al bajarlo todos nos sorprendimos en ver que era una flauta gigante en forma de aro en la cual tocaron cuatro de las siete flautistas, posesionadas en un círculo perfecto que rodaba a Bjork mientras ésta bailaba eufóricamente detrás de su máscara.

A pesar de no haber tocado puras rolas de su nuevo disco, Cornucopia se sintió como un espectáculo e el cual todas las canciones entraban en el mismo concepto. El setlist tuvo rolas de toda su discografía, pasando por discos como Debut, Post, Vulnicura y Medúlla. 

Por la tercer parte del show la cantante nos sacó de la narrativa teatral para proyectar un video de la activista Greta Thornton en el cual nos advertía de un futuro no tan lejano en el cual la humanidad va a entrar a un estado de crisis ambiental, y la mejor manera de pasar por eso sería a través de la unión y el sentido de comunidad, objetivo que necesita de la superación de la mentalidad individualista que nos ha marcado la era del celular y las redes sociales. 

En conclusión, Cornucopia es mucho más que un concierto, es todo un espectáculo, claro que todo surge a partir de la música, pero la atención al detalle está en todo. Desde el uniforme andrógino de los músicos, el escenario con las plataformas de hongos, la cúpula y la cantidad de músicos en el escenario hasta la profundidad emocional con la que Bjork canta en el escenario. 

Bjork es una artista que ya lleva cuatro décadas haciendo música. Claramente es todo una veterana que ha pasado por todos los géneros y ha sido estudiante de una alta gama de géneros y movimientos artísticos. En la década de los ochenta estuvo cantando en diferentes bandas de post-punk y avant-garde (Kukl, The Sugarcubes), en los noventas consolidó su carrera solista como una de las más influyentes internacionalmente, y en el siglo XXI se ha retado a hacer discos con diferentes limitaciones creando un sonido no sólo original, sino un híbrido perfecto entre la música experimental y el pop.

Si el proyecto de ésta gira resultó ambicioso, habrá que agarrase a lo que viene después, porque conociendo a esta artista el factor sorpresa es una garantía en toda producción que tenga su mano creativa. 

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