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AL AIRE LIBRE

Chapala: la extraordinaria oportunidad del arroyo de San Andrés

Juan Palomar 28/08/2016 [Arte] [Cultura] [Literatura]

Dentro del pueblo de Chapala, poco antes de llegar por la vieja avenida de La Cristianía a la entrañable estación de trenes que precisamente Christian Schejtnan le mandara hacer en 1920 al arquitecto Guillermo de Alba, si el que pasa se fija un poco, está el cauce aún libre del arroyo de San Andrés.

Este cuerpo de agua nace en los primeros cerros que se encuentran hacia el poniente y, tras discurrir por en medio del tejido urbano chapalteco, desemboca en la laguna, justo a un lado de la Estación. En tiempo de aguas sus caudales son abundantes, alberga una rica biodiversidad y constituye una pieza clave en el funcionamiento hidrológico de la zona.

Las aguas del arroyo no tienen ningún tratamiento, su cauce está lleno de basura y de descargas ilegales de aguas negras. El propio gobierno municipal, hace ya tiempo, hizo lo impensable: construyó un equipamiento adjunto al estadio de futbol (avenida Hidalgo) exactamente encima de la trayectoria del arroyo. Pero siempre puede demolerse.

El caso es que el pueblo de Chapala ha sido muy maltratado y su fisonomía está muy lejana de la que cautivó a D.H. Lawrence, a Malcolm Lowry, a tantos viajeros. El pueblo de Ajijic, más listo, se conservó mucho mejor, y no por nada le ha sacado ventaja a su propia cabecera municipal.

Pero hay mucho que se puede hacer: del lado del patrimonio arquitectónico Chapala tiene considerables riquezas. Obras de Guillermo de Alba, Juan Palomar y Arias, Luis Barragán, Pedro Castellanos, Rafael Urzúa, Ignacio Díaz Morales, etc., esperan casi todas su reconocimiento, su restauración y puesta en valor mediante una adecuada utilización. (Todavía hace algunos años los chapaltecos se dieron el lujo de demoler la célebre Casa Verde del ingeniero Ambrosio Ulloa, que estaba atrás del mercado.) Es factible corregir tanta desafortunada construcción que se ha permitido hacer con un buen programa de rescate de la imagen urbana, es posible plantar muchos árboles, es exigible no seguir poniendo “monumentos” espantosos en el área más visible del pueblo… (ni en ninguna.)

Y es factible rescatar, limpiar, y utilizar favorablemente al arroyo de San Andrés. Para empezar hay que conectar su descarga con la inmediatamente vecina planta de tratamiento, que increíblemente ignora a este cuerpo de agua. Así se evitaría una significativa contaminación de la laguna. Luego vendrá cancelar las descargas ilegales y sanear el cauce. Éste cruza más de dos kilómetros de mancha urbana.

Ya con lo anterior se podrá llevar adelante una acción urbanística y paisajística de gran impacto y relevancia: la instauración de un paseo –peatonal y ciclista- que atraviese los mencionados dos mil metros y beneficie directamente a miles de pobladores chapaltecos. Un paseo con malecones densamente arbolados, con el arroyo provisto de un cuerpo de agua limpia permanente, equipamiento urbano adecuado, y una absoluta limpieza. Esto se logrará mediante un tratamiento hidráulico apropiado que aproveche las aguas procesadas por la planta arriba mencionada. Y quien diga que es difícil o no se puede que se dé una vuelta por Monterrey o por San Antonio.

De esta manera, la población más deprimida de Chapala tendrá un muy saludable paseo que le permitirá acceder con facilidad y placenteramente a su maravillosa laguna. Adicional a esto, obviamente, el pueblo tendrá otro relevante atractivo para los visitantes.

Como medida ecológica y urbana, esto podría ser un gran ejemplo, que pudiera abrir el camino para acciones similares en los pueblos de toda la ribera. Mezcala, San Antonio Tlayacapan, Ajijic, San Juan Cosalá, El Chante, Jocotepec, San Pedro Tesistán, San Luis Soyatlán… es cosa de visión, voluntad, energía.

El pueblo de Chapala merece mejor suerte, su tejido humano requiere medidas de fondo, su habitabilidad y atractivo son vitales para su existencia. Es mucho lo que se puede hacer.