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EXPERIENCIA EN EL NRMAL X AÑOS.

Por: Andrés Lupone

Sábado 2 de marzo de 2019

Por: Andrés Lupone

Fotografía: Bógar Adame

El festival que hace diez años comenzó en Monterrey celebró su aniversario con la nueva generación del talento nacional y una de las bandas más intrigantes de esta década.

El escenario azul abrió sus puertas y nos dieron la bienvenida con el descontrol contenido y explosivo de El Shirota. Esta banda acaba de estrenar un nuevo sencillo: “Carreta Furacão”, acompañado de un video. Yo conocía a esta banda por su punk sin compromisos, lleno de ruido y controlado por ingeniosos silencios, pero al verlos en vivo conocí un nuevo lado de estos chicos, un lado de tiempos irregulares y misterio que me recordó al disco “Spiderland” de Slint. De todas las presentaciones, esta fue en la que más me sentí interacción de los músicos con el público. Ya para la segunda mitad del show, tocaron una rola que metió en un absoluto trance, hablo de “Intro“.

Recién acaba el Shirota y una nube de energía se queda concentrada en las masas, una energía de caos que se transforma en contemplación al comenzar la atmosférica música de Vyctoria. Esta banda consiste en un ensamble de Violín, guitarra eléctrica, bajo eléctrico y batería. Si tuviera que describir el carácter de estas composiciones, diría que estas no son canciones, son piezas. Experiencias musicales que a través de largos movimientos nos dan una narrativa abierta pero con una dinámica resaltada. Al contrario de aquellas estructuras musicales que ocupan de versos y coros para resaltar ciertos detalles. Esta música es hipnotizante e uniforme en la distinción de los elementos que la conforman.

El itinerario siguió con Michelle Blades y los Machetes, quienes se encargaron de darnos un concierto de música energética y melódica. Desde las pegajosas melodías del órgano y la voz hasta la consistencia rítmica de las guitarras. Canciones de Michelle como “Politic!” y “Kiss Me on The Mouth” cuentan con recursos como los obligados musicales y mucha variedad en arreglos que acompañan los espacios de silencio entre las letras.

El ardiente sol de la tarde bajó de temperatura justo a tiempo para empezar con Mint Field, quienes vienen estrenando un nuevo EP en el cual exploran nuevos colores en su paleta de atmósferas. Presenciamos el principio del atardecer con “Quiero Otoño de Nuevo”, que fue el soundtrack perfecto para bailar en este clima. Durante este set, hubieron momentos introspección como en “Ella se queda” que empieza con un ritmo rápido y movido acompañado de guitarras con delay y una melódica base de bajo que se desarrolla hasta llegar a un emocionante muro de sonido. Mi momento favorito fue cuando tocaron “Eclipse Solar”.

Pasando al escenario de electrónica, a las 5:30 estaba sonando una extraña pero curiosa combinación de beats electrónicos tirándole a algo mas oscuro y una virtuosa voz con mucha curva dramática (casi de ópera), hablo de Mathilde Fernandez. Este show también contó con unos hipnotizantes visuales y un alto énfasis en el color rojo. Quizás fue por la estética del escenario o por la misma iniciativa de Mathilde, pero este color le quedó perfecto a la experiencia de este set.

El anochecer llegó y dio la bienvenida a Beak, la nueva banda del reconocido productor Geoff Barrow (Responsable de proyectos como Portishead). En este ensamble Barrow ocupa la labor de la batería junto con un bajista y un tecladista. En la música de Beak se puede notar que hay una fuerte influencia de grupos alemanes como Can y a la vez se puede seguir el hilo de la dirección que estaba tomando Portishead en su último disco “Third”. En su nuevo disco que estrenaron en año pasado hay mas tendencias hacia hacer estructuras un poco mas

convencionales y menos abiertas, pero a la vez refuerzan sus hooks con recursos como órganos que parece que salieron directo de un soundtrack setentero de Ennio Morricone (hablo de Eggdog). Además de la música, estos ingleses nos entretuvieron en medio de sus canciones con espontáneas rondas de chistes entre los miembros de la banda, sin esconder su ácido humor inglés.

Tuvimos la mala suerte de que John Maus no saliera a tocar, pero la fortuna de ver en este horario vacío a Frank Bretshneider, quien expuso la escuela alemana del minimalismo en la electrónica. Su música consiste en puro ritmo, nada de bajos, melodías o siquiera notas. Frank se mantenía en una estricta linea de pura rítmica, pero con sorpresivas manipulaciones a los beats que iba formando a lo largo de su set. Todo sin pausas, al menos aparentes, ayudando a que este set se sintiera como una larga canción de una hora.

El reloj llegó a las 9 y fue la hora de uno de los headliners del festival: Spiritualized. Este proyecto llevado a cabo en su mayoría por Jason Pierce (o J Spacemen) ya lleva una trayectoria de discos icónicos como “Ladies and Gentleman we are Floating in Space”. Jason acaba de sacar un nuevo disco el año pasado llamado “And Nothing Hurt”. En este disco Jason se deja llevar más por su nueva sensibilidad a las baladas y hasta el gospel (su acto en vivo cuenta con la presencia de tres coristas). Muchos conocemos este proyecto por el amor a su banda pasada, hablo de los legendarios Spacemen 3, quienes abrieron el paso a una nueva generación de psicodelia y amor lisérgico. Al ver a Spiritualized supuse que ese repertorio de los principios de su carrera tenía poca probabilidad de ser tocado y terminé viendo otra faceta de este autor, una faceta que no acaba de encajar con mi estado en ese momento pero puedo reconocer que viene desde un lugar de mucha fragilidad. A la vez pude presenciar como al lado de mi escuche a un hombre proponerle matrimonio a su futura esposa en medio de una balada y la gente alrededor empezó a aplaudir. Fue un momento donde pude evidenciar el poder de la música en las decisiones de las personas.

El festival cerró con los polémicos Death Grips. Cualquier persona que escuche al menos dos minutos de cualquier rola de estos locos de Sacramento puede intuir que su show en vivo puede causar que la gente pierda la cabeza. Y eso fue exactamente lo que pasó. Solo bastó con que Zack Hill tocara su batería de tarolas casi tribales y MC Ride dijera dos palabras para ver como todos los brazos se levantaban en un mar de gritos y euforia. Conforme avanzaba su set iba vaciando mas y mas toda mi energía en gritar, saltar y tratar de imitar la danza de MC Ride al rapear. Además de que sus visuales estaban en el máximo punto del simplismo. Era literal un fondo blanco en el cual sus caras se difuminaban en el negro que los contrastaba y parecía un teatro de siluetas. Muchos nos quedamos con ganas de ver este acto en vivo desde que cancelaron su presentación en el Corona Capital hace 6 años, y el hecho de que volvieran a México como headliners del festival nos hizo más que felices y emocionados.

Esperemos que el NRMAL siga abriendo sus puertas a proyectos nacionales emergentes y consolidados, ya que cada vez este festival se está ganando la confianza de mucha gente que quiere ir a un festival a descubrir nueva música que quizás no le salga en todos lados. Lo único que podría hacernos bien a todos es que hubiera una manera de hidratarse de forma gratuita, ya que a veces uno no trae suficiente lana como para pagar botellitas de 35 pesos a lo largo del día. Fuera de esto, este NRMAL realizó su décimo aniversario con una buena curaduría de talento tanto nacional como internacional.

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