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Festival Hole Records: Música del subsuelo

Por: Andrés Lupone

fotografía por: Kenneyrhaphotographer

Quizás no fue un evento masivo, pero el 4 de mayo de 2019 fue una fecha que marcó un momento importante en la música del subsuelo de esta ciudad. El festival de Hole Records fue la confirmación de una nueva escena o movimiento. Tanto los músicos en la tarima como la audiencia, se sentía un algo en al aire que todos respiramos en Galera. Un aire de la teoría y práctica de eventos imparciales a conceptos como un público o género específico. Hay miles de festivales que se realizan al año en cada ciudad, pero lo que marca a éste festival no es el género ni el público. Es algo tan simple y claro como un movimiento. ¿A qué suena este movimiento? A nada realmente, más que a un grupo de artistas que están haciendo lo que quieren bajo sus propios términos. A pesar de que cada propuesta en este cartel contiene una estética diferente, todos los actos que se presentaron tienen algo de qué hablar y éstos mismos se aglomeran en una gran conversación que no termina.


El itinerario comenzó a las dos de la tarde con Pedro Tirado. El joven de Tijuana se encargó de traer su espíritu despreocupado. Acompañado de músicos que proporcionaban un híbrido entre el folklore de Juan Cirerol y las texturas ruidosas de guitarristas como Kevin Shields, la propuesta de Pedro Tirado es única en su especie. Nunca había escuchado algo similar cuando descubrí su más reciente disco “Sal si puedes” (publicado en Hole Records), y su acto en vivo me sumergió aun más en su mundo lírico de carácter cínico. Quizás me estoy desviando, pero siento una relación de sus letras con la lírica de la generación Beat, viviendo el día a día sin preocuparse por el mañana.


La tardé siguió y Osday se subió al escenario. Se sentó en flor de loto y comenzó a disparar un sutil pero poderoso drone. Bastó con solo oír dos minutos de esta textura para que el público entrar en un estado de hibernación. Todos sentados y con los ojos cerrados, nadando en la laguna de su psique. Las variaciones que hacía Osday eran pocas, pero armonizaban perfectamente con la omnipresencia de la textura inicial. Por la segunda mitad de su set empezó a meter elementos más melódicos con un sintetizador, aterrizándonos un poco en algo más terrenal y familiar, pero viniendo de un contexto completamente hipnótico y reducido. 


A las 3:30 tocó Érebo y la Juventud Psíquica. Éste es el proyecto Sebastián Marceleño García, un joven y talentoso muchacho que realiza su música de manera solista, pero esta vez trajo consigo una banda que le fue fiel al acompañamiento que requería su oscuro pero bailable post-punk. Desde las difuminadas texturas de las guitarras hasta los redondos y firmes sintetizadores, la música de Érebo es digna de aquel sentimiento de estar atrapado en medio de la melancolía y la euforia; como en aquellos primeros discos de the Jesus and Mary Chain que te incitan a bailar desde la melancolía.

Desde Guadalajara vino Par Ásito, un trio que fusiona el space-rock, el krautrock y el doom. Su set comenzó con un largo creccendo de una guitarra ambiental, un sintetizador de bajos y un patrón rítmico que iba creciendo poco a poco; subiendo la dinámica hasta explotar en un trance mótorico. Por la segunda rola dejaron salir su lado mas Stoner con ritmos lentos de batería que me recordaban a bandas como OM y Sleep. Éste trio nos dio un claro ejemplo de como un sub-género puede tener muchas variantes dentro de sí mismo. 


En el siguiente lote de la programación tocó Sei Still, quinteto de la Ciudad de México que tiene la misión de seguir la tradición alemana de los setentas, y a la par, adaptarla a su contexto y lenguaje. El proyecto trae consigo un fuerte bagaje de influencias como NEU! y Can, al igual de otros lados mas hacia el space-rock y el shoegaze con bandas como Spacemen 3 y My Bloody Valentine. Debido a que soy el bajista de esta banda, no soy capaz de proporcionar un análisis propiamente objetivo del concierto como espectador, pero les puedo asegurar como infiltrado que nos esforzamos muchísimo preparando la presentación de éste concierto y que la respuesta fue gratificante como pocas cosas en la vida. 

Estábamos muy contentos de formar parte de un Lineup tan completo y especial. Fuimos muy felices de ver a gente bailar y disfrutar de nuestra música. 


Llegó el atardecer y nos recibió Error Humano, un duo de Mexicali con una maestría en el ruido. Su música consiste en las mil y un texturas que puede tener el ruido. Coquetean con géneros como el Harsh-Noise , el Industrial y Power Electronics. Al ver a este acto me dí cuenta de la delgada linea y las fuertes similaridades que tiene el Noise con el Ambient. Para mucha gente el concepto de Ambient es concebido como largas piezas calmadas y estáticas, pero al presenciar proyectos como éste el estado de introspección y reflexión es el mismo. Se trata de una hipnosis a través de una masa de sonido que al principio parece como un caos, pero mientras te vas adentrando más y más empiezas a notar pequeños patrones rítmicos de este ruido, como si fuera un fractal musical. 


Salimos del mar de ruido para entrar en un micro-universo de drum machines y guitarras espaciales. Se trata de Phermatta Du Enddo Plantae, un duo de Baja California conformado por multi-instrumentistas. Su música es peculiar como pocas cosas, ya que con pocos elementos construyen paisajes misteriosos que van desde el ruido hasta las texturas de teclados  y una voz de carácter emotivo y delicado. 


A las 8 tocaron los Kowalski, un grupo de Mérida que lleva haciendo mucho ruido desde que lanzaron su debut “Sputnik” en la misma disquera del festival. Su sonido orbita al rededor del Shoegaze, el Krautrock y el Post-Punk. Ésta banda nos sumergió en un viaje sensorial lleno de reverberación, delay y trance. Con un tratamiento de la voz en la que esta opera en función de la música y no viceversa, funcionando como un instrumento más. Éste año sacaron su segundo LP “Dejarte Ir”, en el cual se alejan un poco de la oscuridad y van por un camino más espacial e introspectivo.


El siguiente proyecto que se presentó fue una experiencia sonora a la cual no le puedo relacionar ninguna referencia explícita. Se trata de “Amor, Muere”, el ensamble conformado por Gibrana Cervantes, Camille Mandoki, Concepción Huerta y Mabe Fratti. La música de este cuarteto habita en su propio universo, no podría categorizarla en ningún género en específico, ya que la curiosa combinación de Violín, Cello, Sintetizadores, Ruido, Beats y Voz armonizan una atmósfera que va desde los lugares más frágiles y sensibles hasta el caos. Creando un espacio sonoro que se mueve a su propio ritmo y detona un paisaje imaginario. Lo especial de este ensamble es que cada una de estas chicas aporta algo muy único, y la suma de estos elementos hace que la identidad sonora de éste proyecto trascienda todos los conceptos establecidos que caracterizan a un género musical.


 

Entrados todos ya en un estado de contemplación fuimos transportados al universo paralelo de la música de Ariel Guzik. Ariel ya es una figura de culto con una trayectoria tanto versátil como extensa. Su obra es lo más cercano que tenemos a la de un renacentista, siendo inventor, saxofonista e iriólogo. En este set nos trajo unos drones de cítara en los cuales emanaban unas vibraciones que trascendían la recepción de música por frecuencias y se sentían por la pura vibración. A la par de esta hipnosis, el señor Guzik improvisaba en el saxofón y nos sometió a todos a una ceremonia de introspección. El lapso tan breve en el que tocó fue suficiente para dejarnos con ganas de más, pero satisfechos con la experiencia casi religiosa que es escuchar su música.


EL reloj marcó las 10:40 y Nada se subió al escenario. Este duo es conocido por su post-punk fuerte pero con mucha delicadeza. Con una instrumentación que consiste tan solo de bajo, batería y voz, Nada logró hacernos bailar y adentrarnos en su oscuro mundo lleno de distorsión y trance. Lo que me gusta mucho de éste duo es lo mucho que logran con tan pocos elementos, si uno los escuchara sin verlos tocar juraría que son al menos tres integrantes tocando un instrumento diferente, pero vez que son dos y es evidente que no se necesita más. La intención de las rolas es clara y no deja nada más a desear.


La medianoche se acercaba y Lorellle Meets the Obsolete salió desde la oscuridad para ser aplaudidos y acogidos por un bien merecido público. Ésta banda acaba de sacar un disco a principios de año de nombre “De Facto” en el cual demuestran que, mediante su exploración sonica , cada vez están mas cerca de crear su propio género. La musicalidad de sus miembros es realmente impresionante. Con un baterista que tiene un amplio rango de la dinámica, un bajista que tiene su sonido cuidado a la perfección, un tecladista que conoce sus sonidos de sintetizador como la palma de su mano y un balance perfecto entre guitarras y voz; LMTO esta cada vez más cerca de posicionarse como una de las bandas más importantes de rock psicodélico en latinoamerica. La respuesta del público también fue muy eufórica. Todos saltando y gritando de emoción al compás del trance de texturas difuminadas y ritmos consistentes y motóricos.


Para culminar con el trance de Lorelle, Gaspar Peralta nos brindó el lado más ambiental y sónico de su repertorio. Yo llevaba siguiendo su trabajo por los excelentes trabajos de piano y ambient, pero ésta vez nos trajo un set de puras texturas, lo cual fue aún más sorprendente. La gente estaba sentada en círculos al rededor de Galera, cada quien armando una historia en su cabeza con la música de Peralta. El desarrollo de su set fue todo menos lineal, yo lo sentí como circular, como una masa de sonido que viajaba pero siempre volviendo al mismo lugar. Su set fue un claro ejemplo de que la música de procesos electrónicos también puede ser psicodélica.


A la una de la mañana se subió Tajak a cerrar con broche de oro su propio festival. Carlos, Coco y Álvaro descargaron toda una ola de emociones a través de su arsenal de efectos. Comenzaron el set con “El Despertar”, una fuerte y poderosa canción de Shoegaze en la cual la voz es utilizada como un instrumento, enfocándose más en la melodía que en la lírica. 


En su set nos mostraron los dos lados que manejan tan bien en su sonido. Un lado es el de la locura frenética con ritmos de pulso rápido y bajos post-punkeros. El otro va más hacia el ambiental, con baterías lentas, bajos melódicos y guitarras que aderezan el ritmo con texturas.


El Hole Fest fue un festival que marcó el alto potencial que cada vez se expande más en nuestro país. Fue una iniciativa que esperamos que continúe para seguir descubriendo la variedad de sonidos que se esconden tras las ventanas de los miles de lugares de México.


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