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John Luther Adams – Become Desert

Por: Roy MT

John Luther Adams es un compositor estadounidense cuya obra se ha centrado en retratar el mundo natural –especialmente Alaska, donde vivió por 40 años. 

Su más reciente lanzamiento se inspira en la inmensidad del desierto de Sonora, así como el desierto de Atacama –lugares donde el compositor ha vivido en los últimos años. Se trata de “Become Desert” (2019, Cantaloupe Music), una obra orquestal para cinco grupos instrumentales, tocando a diferentes tiempos, y ubicados alrededor del público. Después de haber retratado el fluir constante del agua en “Become River”, y un tumultuoso movimiento incesante en “Become Ocean” (misma que lo volvió acreedor del premio Pulitzer en 2014), Luther Adams plasma la inmensidad del desierto con una música aparentemente estática. Se trata de un universo sonoro en el que, al igual que en el desierto, uno se pierde en el fluir de un tiempo distinto, eterno. “Para oídos acostumbrados a estimulación constante, esto puede ser desafiante, incluso desconcertante”, escribe el compositor en un ensayo disponible en su página web.


Los cambios son graduales. La inclusión lenta de nuevos elementos invita al oyente a entrar en un tiempo distinto al habitual –una gran manera de contrarrestar el rápido ritmo de vida propio al sistema en el que vivímos, mismo que poco a poco convierte todos los ecosistemas en desiertos. Según el compositor, esta música es “una celebración de los desiertos que nos fueron dados, y un lamento por los desiertos que hemos creado.”

La manera en la que los distintos ensambles se organizan en el espacio pretende llevar al escucha a un espacio sonoro en donde se pueda nadar en sonido, o como Adams describe, “en el desierto nosotros no simplemente miramos la luz; nadamos en ella. Escuchamos el canto de la luz.” El uso del coro salió del deseo de escuchar la luz. Misma razón por la cual los cantantes únicamente cantan la palabra “luz” –así, en español– a lo largo de la obra.

El interés de la composición reside en poder dejar ir, y habitar el presente. Por más que uno intenta seguir el desarrollo rítmico, o armónico de la música, rápidamente queda claro que esos no son elementos tan fáciles de seguir, o ni siquiera relevantes. Sin embargo, existen momentos cautivantes, como la densificación de los colores orquestales, que crecen del sonido delgado de la sección de cuerdas, hacia un color más robusto con el uso de los alientos-maderas, y finalmente metales. Esto siempre apuntalado por los crótalos y percusiones temperadas, casi dando la sensación de poder ver el reflejo del sol en un espejismo distante. Estos pequeños deslumbramientos van creciendo en intensidad, su periodicidad incrementa de manera orgánica y de repente, sin saberlo, nos inmiscuimos en un mar de luz –las voces humanas nos recuerdan nuestra minúscula presencia con su canto: “…luz”. La armonía es grandilocuente; hay resonancias relucientes que resultan de la combinación de tantos colores instrumentales.

Es entonces que las percusiones anuncian la llegada de una tormenta; los timbales y otros tambores resonantes graves nos llevan a una especie de clímax narrativo en la mitad de la pieza. Estamos al descubierto, en medio de una tormenta de arena; campanas resuenan junto con nuestra fragilidad humana. Un coral de metales nos baña en una luz árida. Poco a poco, la densidad disminuye hasta llevar la pieza a su fin.


Sin dejar claro cuándo empezó, o cuando acabó, “Become Desert” se anuncia como una obra única: escucharla es como ninguna otra experiencia. Es vivir el paso del tiempo sin importar si éste tiene alguna dirección. Es estar aquí, resonando en la inmensidad del presente.



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