En vivo

AL fm

Loading...

AL música

King Gizzard and the Lizard Wizard – “Fishing For Fishies”

Por: Andrés Lupone

El monstruo Austriaco de siete cabezas mejor conocido como King Gizzard and the Lizard Wizard rompe el silencio de un año (un lapso de tiempo seriamente largo para su promedio de lanzamientos) con un álbum que tal vez no trae nada nuevo a la mesa, en cambio profundiza territorio que ya habían explorado.

El éxito de la banda Australiana no es ninguna sensación de la noche para el día. A lo largo de nueve años han publicado quince discos de estudio mientras están de gira por todo el mundo. En el lejano 2012 debutaron con “12 Bar Bruise”, un debut lo-fi sin mucha pretensión o grandes ambiciones, pero mientras fueron amarrando su sonido, la madurez de la banda fue cada vez mas exponencial. 

Fue hasta el 2016 cuando llegaron a un cierto nivel de iconos psych al publicar “Nonagon Infinity” y para rematarla, lograron publicar cinco nuevos discos en todo el 2017 (mientras estaban de gira). Esta simple pero arriesgada promesa los elevo de estatus de culto a un fenómeno global. En ensamble de siete miembros está infestando los encabezados de grandes festivales al rededor del mundo. 

Claramente, el 2017 fue un año ocupado para la banda, pero lleno de frutos, por lo mismo podemos deducir que en el 2018 era un poco lógico que se dieran un descanso (al menos de grabar). Un año después regresan con un extraño video musical de ellos en trajes espaciales y una canción de boogie electrónico (“Cyboogie”). Lo que mucha gente podría deducir es que la década de los 70 ya no les inspiró tanto y se fueron a los 80s, influenciados por los primeros discos de Depeche Mode

Sin embargo, “Fishing for Fishies” no termina de cuajar como una aventura a un nuevo territorio. El track homónimo es una dulce balada de crisis ambiental y su nivel de inocencia y dulzura se siente casi cínico (en un buen sentido). A la vez, el track también me recordó mucho a bandas como XTC en las melodías de la voz y los elegantes arreglos escondidos dentro de una compleja estructura. 

Pero la dulzura no es lo único que se abarca en el disco, también llegan a tocar como si tuvieran que resucitar a ZZ Top con una interpretación no-americana del Blues en tracks como “Boogieman Sam”, llenos de armónicas chillantes y riffs de guitarra atresillados. 

Para los aficionados de los paralelismos, “The Bird Song” es tiene una similitud casi exacta con “Sketches of Bursnwisk East” (Uno de los discos del 2017 que marca su acercamiento al jazz de elevador). El ritmo de Swing que parece ser el hilo musical de todos los tracks acompaña una animosa progresión de tres acordes para escuchar ocasionales arreglos de carpa en la mezcla. 

En “The Cruel Millenial” vuelve aquella necedad de sonar lo más blues posible, pero claro, con su clásico toque de someter simples melodías a un compás irregular de 11/4 (Subdividido en 5/4 y 6/4). Ambrose Kenny Smith, la segunda voz principal y la armónica tiene su momento de brillar en el disco al tomar la batuta lírica y drenarla de sus ansiedades de no sentir que pertenece a su propia generación. 

Después de sacar toda su necesidad de shuffle-beata y riffs de Blues en “Real’s Not Real” y “This Thing”, finalmente llega un momento de algo nuevo y quizás la única canción del disco que emociona al proponer algo nuevo en vez de seguir con la misma temática una y otra vez. Se trata de “Acarine”, una odisea en 5/4 que lleva a cabo melodías de armónica de blues yuxtapuestas con un elegante muro de sonido compuesto de sintetizadores. En la parte final tenemos el primer (y único) momento realmente sorprendente en el disco: una sección de House polirítmico a la vieja escuela de compositores como Terry Riley. 

¿Quíen hubiera imaginado que estos aficionados al pasado se interesaran en la electrónica? Claro, tiene su toque el utilizar recursos como desfases rítmicos y poliritmos. 

En resumen, “Fishing for Fishies” se siente como un esfuerzo un poco desconcertado (ese sentimiento que ocasiona ver la secuela de una vieja e icónica película que sale diez años después que la predecesora). En sí las canciones están muy bien cuidadas en todos los aspectos (tanto musicales como sonicos), pero el resultado final no termina siendo tan memorable, ni los mensajes de preocupación ambiental.

Compartir en:

CONTENIDO RELACIONADO