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“Lines in the Sand” de Antonio Sánchez & Migration

Por: Andrés Lupone

Fue hace tres años cuando el nombre Antonio Sánchez y compañía habían llegado para sorprender con un disco de jazz fuera de lo comúnmente establecido en el género (al menos en el contexto contemporáneo).

Hablo de una suite, es decir, una serie de temas unidos por una línea narrativa, utilizando recursos como la repetición de motivos melódicos y rítmicos, casi como si fuera un escore de una película (comparación que no se ve muy alejada ya que el mismo Antonio musicalizo la famosa película de “Birdman” con un pura improvisación de batería). Además de que la producción de ese disco es de lo mejor que he escuchado en cuanto a jazz moderno. Simplemente cada detalle de la batería y hasta el último aire del san se notan con una gran presencia.

Tres años después de sacar “The Meridean Suite” Antonio Sánchez y sus secuaces estadounidenses regresan con otro disco conceptual, ahora el tema es más oscuro y realista, hasta se podría decir que hay una carga política fuerte, pero no de opinión marcada, sino de documentación. El mismo título lo dice todo “Lines in the Sand”. Este disco tiene como tema principal la migración y la situación que esta teniendo el pueblo mexicano en la frontera de San Diego.

En el intro del disco “Travesía” podemos escuchar los gritos de desesperación y confusión de la gente a través de un collage de sonido que nos pinta la imagen de los niños sino separados de sus familias por oficiales de la frontera. Una manera bastante fuerte y clara de declarar el concepto de un disco.

La introducción se transforma en una pieza compuesta de tres partes. La primera consiste de una bella y simple idea melódica de piano en repetición, casi como un mantra. Luego de esto van entrando el resto de la banda paulatinamente y de una manera tan sutil que se agradece un momento tan contemplativo e hipnótico en un disco de Jazz contemporáneo. Mientras la pieza se va desarrollando, llegamos a un bello y emocionante clímax que te toma desapercibido y cuando menos te das cuenta, ya estás en la cima de una euforia de crashes y un sólo de sax completamente emocional.

La travesía sigue con “Long Road”, un casi blues de piano y voz aderezado por el impredecible y melódico acompañamiento rítmico del señor Sánchez. Esta rola puede servir para aquellos que piensan que el Jazz no es nada más que un derroche de espasmos de virtuosismo, es completamente emocional y lleva una narrativa que trasciende la estructura convencional del género. Completamente hipnótica y de alguna manera simple pero fuerte.

Luego seguimos con “Bad Hombres y Mujeres”, una extraña composición en la que el sax y la voz se unen y funcionan como un mismo instrumento que metodiza las frases rítmicas, complejas y extrañas de el señor Sánchez. En esta pieza se pueden sentir más las influencias de uno de los héroes de Antonio (y quien lo sacó a la fama): Pat Metheny. Yo mismo nunca he sido gran seguidor del señor Metheny pero le agradezco que haya hecho lo posible porque este Mexicano y sus músicos tengan los contactos y medios para realizar la producción de un disco tan bien hecho. Quizás sólo soy yo, pero siento una especie de homenaje con esta pieza del disco. En esta rola la producción y el uso del estudio forman parte del proceso creativo, podemos escuchar por el final pedazos de la misma rola puesta en reversa para dar un efecto de transición completamente nuevo y fresco en el contexto de este género.

El viaje avanza con una balada de bajo eléctrico con delay y voz llamada “Home”. Con esto mismo me refiero a que esta agrupación si se está situando en su contexto al utilizar recursos tecnológicos como los efectos. También escucho una etérea progresión de acordes que me podría recordar a una mezcla entre Peter Gabriel y grupos de progresivo modernos como Porcupine Tree. (Por ahí dicen las malas lenguas que antonio fue metalero en su adolescencia).

Nuestro viaje acaba con la rola del título del disco: “Lines in the sand”, compuesta de dos partes. Esta misma en sí ya es toda una odisea con su duración de 26 minutos. Este segmento tiene una estructura más convencional de acuerdo al género. Empieza con un tema que se ve claramente compuesto por un baterísta debido a la complejidad y texturas rítmicas que conforman la primera parte con el piano. Luego viene el solo de bajo (claramente aquí hay una preferencia en el orden hacia las bases rítmicas). Luego sigue la improv de la voz scatteada para dar otra prueba de que la voz en si también es un instrumento hecho y derecho.

La ronda de solos le sigue al pianista, que con un virtuoso solo nos presume los bellos tonos de su piano eléctrico.

Algo que aprecio mucho de esta canción es la yuxtaposición de piano eléctrico con piano acústica que podemos escuchar en la parte central de la estructura. En esta parte podemos escuchar un samples de voces que toma un giro inesperado a una batería casi rockera, matando todo el swing y dejando una base fuerte y cuadrada. Esta parte nos lleva a otro solo de piano que parece indicar que la cosa va a tomar una estética de rock progresivo de los 70’s, casi como si King Crimson en las épocas de discipline.

La odisea de 26 minutos concluye en una coda de una línea de piano de la misma naturaleza de la del inicio mientras suena una grabación de un sujeto haciendo un juego de palabras en el cual da los juramentos a la bandera pero cambiándolos hacia las tortillas de su abuelita y su gente del país vecino.

Este disco tiene mucha relevancia por varios aspectos:

  • Las composiciones e improvisaciones que generan un estado entre contemplación y trance, pero también manejan una curva emocional poderosa.
  • El uso de la producción y la tecnología como instrumento dentro de las rolas.
  • El mensaje que da Antonio al ser un mexicano que vive en un país donde cada vez se ve mas perjudicada la gente de su pueblo. Quizás no es un statement político del calibre de Fela Kuti, pero sí es claro en cuanto a lo que está pasando y como esta repercutiendo en la gente y el arte.



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