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Matmos – Plastic Anniversary

por: Andrés Lupone

El dúo de Baltimore regresa después de tres años con otra ambiciosa y creativa propuesta dentro de su ya reconocida trayectoria. La música de Matmos puede apelar a todo tipo de público. Más que la música, lo que puede causar un gran interés son los procesos creativos en los cuales aprovechan de la tecnología y la edición digital para hacer música con sonidos poco convencionales. En 2016 publicaron “Ultimate Care II”, un disco compuesto de sonidos que emitía una lavadora de ropa. En éste disco se avientan otro ambicioso reto en el proceso creativo, ya que ésta vez decidieron hacer un disco con sonidos de diferentes materiales de plástico. 

Dominós; tubos de PVC; plástico burbuja; silicon y grasa humana sintética entre otros fueron los elementos de los cuales se dieron la tarea de encontrar alguna manera de sacarle sonido y reproducirlo en un contexto musical. 

El disco abre con “Breaking Bread”, una pieza en la cual (además del plástico) utilizan sonidos que vienen de vinilos rotos del grupo de rock de los setentas “Bread”. Esta rola es completamente rítmica, el único elemento melódico perceptible es el bajo, el cual podría parecer que es el sonido de un tubo de PVC puesto en un sampler con pitch. La pieza va desde el diseño de sonido hasta la polirítmia de ritmos africanos, ejecutados por nada más que puras texturas que acarician el tímpano y se sienten como burbujas explotando en el oído. (Recomiendo mucho ésta rola a fanáticos del ASMR).

La siguiente rola “The Crying Bill” es un poco más melódica. Con un motivo melódico que se repite y a lo largo es armonizado por otras texturas. En ésta rola la sección rítmica es más abstracta y mucho menos discernible, con ritmos que van más hacia lo que podría ser interpretado como fills de una batería de Jazz. Por el minuto 3:17 tenemos un break compuesto de puro caos rítmico y tensión para resolver finalmente en un drone de cuerdas y columpios rechinantes. 

Hace poco la corporación SunDaver realizó un tejido sintético para substituir los cadáveres de cuerpo humano con el propósito de generar material didáctico para universidades de medicina. Éste tejido fue utilizado como el sonido madre de el tercer track del disco: “Interior with Billiard Balls & Synthetic Fat”, una odisea que va desde sonidos de pelotas rebotando hasta misteriosas melodías de sintetizadores. La estructura es muy poco convencional, superando el tradicional esquema de parte A y parte B en favor de grooves, breaks y pausas para regresar con aún mas sonidos.

Siento que el cuarto track: “Silicone Gel Implant” es una divertida interpretación moderna de ritmos latinos. Percusiones que podrían ser de un ritmo de salsa o son cubano son remplazadas por la paleta de sonidos de silicon y trompetas fuertemente procesadas.

En el minuto 2:40 el guapango plástico futurista se transforma en un caos de sintetizadores y grooves de Jungle noventero (probablemente uno de los géneros de los cuales salió la música de éste duo). 

Llegamos a la mitad del disco con “Plastic Anniversary”, rola que podría ser la balada del disco. Consiste de un collage de una sección de cuerdas sampleadas, trompetas medievales y sonidos que podrían ser entre cohetes explotando y palomitas en el microondas. La primera parte del track tiene un aire de esperanza y a la vez una especie de sentimiento nostálgico. Al llegar al minuto 2:20 los elementos paran y la intuición diría que la rola acabó, pero Matmos nos sorprende metiendo un ritmo tribal seguido de la cola de ruido blanco, y finalmente volvemos al tema iniciál, pero con un contexto mucho más emocionante y emotivo. Podría ser el perfecto soundtrack para la escena de esperanza dentro de una película de sci-fi distópica. 

La segunda mitad del disco se basa más en el sampleo de baterías reales (Quizás éste disco es donde Matmos agarra más sampleos de batería). 

El Lado B comienza con “Thermoplastic Riot Shield”, rola en la cual basan la paleta de sonidos completamente de un escudo de policía. La canción es tensa como pocas cosas, manejando contrastes que van desde el harsh noise, bleeps de máquinas de hospital y texturas imperceptibles pero protagónicas. Si esta rola fue hecha a partir del escudo de un policía es evidente que los demonios de violencia e impunidad salieron a gritar en el caos digital de la rola.

El cuarto track “Fanfare For Polyethylene Waste Containers” continúa con la atmósfera de distopia y la sección de metales medievales. Es el ejemplo de que Matmos (además de llevar una amplia paleta de sonidos) maneja también una paleta emocional. Si el track previo parecía ser la escena de esperanza dentro de una película, éste track podría ser el soundtrack de la escena de suspenso.

En “The Singing Tube” el dúo crea un instrumento melódico a partir de un tubo de PVC, acompañado de un swing de texturas percusivas que en su ensamble funcionan como el remplazo perfecto de un ritmo de swing de los treintas. La rola es la más corta dentro del disco y funciona como un descanso para los últimos dos tracks, que son completamente rítmicos.

“Collapse of the Fourth Kingdom”, el penúltimo track parece que salió directo de la rutina matutina militar con de tarolazos. És el track mas normal en cuanto al sampleo, ya que consiste de un ensamble de percusiones. El track se mantiene un su línea rítmica hasta el minuto 3:48, cuando por primera vez escuchamos acordes procesados dígitalmente, pero sin perder el sentido armónico. El track acaba en cenizas de estos procesos digitales y nos transporta al final de esta odisea distópica.

“Platisphere”, el último track, comienza con field recordings de lluvia totalmente cinemáticos. Se sigue por un minuto para adentrarnos en una calle imaginaria en la noche. Para la mitad de la rola es fácil intuir que el disco va a cerrar con puro diseño sonoro de ambientes, sin siquiera un ritmo o melodía. A pesar de la cadencia de estos elementos, el track sí tiene una progresión. Comienza con lluvia y acaba con un diseño más abstracto, siguiendo el concepto estético del disco. Quizás este último track es la reflexión de Matmos ante la inevitable crisis ambiental que vivimos y de cómo puede seguir avanzando para perjudicar todo. Es una postal  sonora del agua dentro de un contexto que refleja una crisis que cada vez se vuelve más seria. Lo realmente admirable de éste disco es la reflexión y conciencia que provocan a partir de los sonidos del ambiente (tanto naturales como artificiales) sin la necesidad de una sola palabra.

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