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The Telescopes – Exploding Head Syndrome

Por: Andrés Lupone

Tapete Records

Cuando se habla de lo que algunos definirían como el “microgénero” del Shoegaze hay un común denominador de tres bandas que representan en la memoria colectiva tanto la época como la estética sónica de este movimiento. Hablo de My Bloody Valentine, Slowdive y Cocteau Twins. Este combo se encargó de llevar a cabo un movimiento que no llegó a ser un fenómeno de masas pero logró influenciar a toda una generación y a la que le siguió.

Pero en una línea paralela a el contexto y la época existen también otras bandas que solo por el hecho de estar a la par de sus contemporáneos se pueden considerar como igual de importantes que las ya establecidas como definitivas del género y época. The Telescopes es una de ellas.

Esta agrupación inglesa empezó a finales de los ochenta y sacaron su debut en 1989 (aquellos años en los que todavía no salía Loveless de My Bloody Valentine). Hasta pasaron por la disquera de Creation Records, lugar donde se publicaron algunos de los discos más icónicos del género. Lo curioso de The Telescopes es que ellos nunca pararon de hacer música (bueno, se tardaron diez años en sacar su tercer disco en el 2002, pero desde ahí no han parado de sacar música). My Bloody Valentine y Slowdive se tardaron mas de veinte años en regresar y Cocteau Twins se separó a finales de los noventa. Si se va a hablar de veteranos, los Telescopes se llevan la medalla de la persistencia.

Este disco es una extensión del estilo que llevan explorando con los lanzamientos de toda esta década. Se trata de canciones en las que una simple progresión de acordes se repite en un mar de distorsión controlada, acompañada de sutiles arreglos que contrastan el ruido con pequeñas melodías.

El disco empieza con “All the Way Around” que suena a the Velvet Underground en su tercer disco pero pasado por un pedal de distorsión que nos impone frecuencias que atraviesan al tímpano y generan un contraste con órganos y guitarras en un espacio casi imaginario de muro de sonido.

La segunda rola: “Everything Turns Into You” es de los pocos momentos que cuentan con una tarola de batería en todo el disco. Esta es seca, son sonoridad completamente apagada y ahogada en la mezcla. Pero el recurso de la repetición se ve reflejado en la maraca que por su sonoridad ma da imágenes de un ventilador de un motel o una lavadora, siguiendo un constante ritmo motórico.

La tercera canción “You Were Never Here” es la prueba de que el ruido también puede ser usado de manera muy sensible si se adapta sutilmente a una balada hecha y derecha.
Esta rola es de las baladas mas amenas que he escuchado en éste género. Tiene mucha personalidad la manera en la que estas atmósferas están tratadas. Las dulces melodías de los sintetizadores y los órganos están en un punto perfecto en el cual apenas las puedes distinguir en la masa del contrastante ruido.

Hay un constante uso del Shaker a lo largo del disco, podría decir que es el único instrumento rítmico en toda el álbum (si no contamos los otros detalles casi impercibibles). En “Until the End” este instrumento se aborda de una manera muy curiosa, se trata de un simple patrón rítmico que marca los tiempos del compás pero se arrastra a la vez en estos cuatro tiempos.

Mi rola favorita es “Don’t Place Your Happiness in the Hands of Another”, prácticamente un blues que sólo se puede percibir por la línea del bajo acompañado de sintetizadores modulares y una guitarra muy abajo en la mezcla. Suena simple la descripción pero la manera en la que el sonido es tratado en esta rola es tanto abstracta como indescriptible.

El estado de tranquilidad que generan con esta canción cambia radicalmente con la siguiente rola: “I Know You’ve Got Something Inside (Driving You Crazy)”, cuya disonancia mantiene un estado de constante tensión que nunca se resuelve. Fue en esta mitad del disco en la que me di cuenta de que en todas las canciones no hay batería, sólo percusiones como maracas y shakers.

En “Nothing Was Held”, Stephen Lawrie murmura sus letras de una manera en la que nos podemos desapegar de la lírica y ver la voz como un instrumento en sí. Este cierre de disco cuenta con un desarrollo en el cual se empieza con voz, guitarra y órgano, luego entra el ya mencionado Shaker para luego transicionar a un loop de guitarras que me dan la sensación de blues distorsionado de la quinta canción del disco, solo que esta vez la sutileza se ve aún mas comprometida por el ruido.

Siento que al escuchar este disco en su totalidad, las canciones que lo conforman no se sienten separadas, sino como pequeños movimientos de una gran canción. La propuesta estética se mantiene a su limitada instrumentación de guitarras, bajo, sintetizadores, órganos, shakers y maracas (y ocasionalmente uno que otro seco tarolazo de batería).

Lo recomiendo a la gente que ha escuchado la ola de bandas que mencioné previamente, pero definitivamente no lo recomendaría a quienes apenas están entrando a este género ya que siento que este set de canciones son una versión reducida y sintetizada de lo que es el Shoegaze.

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