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A 20 AÑOS DE: STEREOLAB – COBRA AND PHASES PLAY VOLTAGE IN THE MILKY NIGHT

Por: Andrés Lupone

Fue hace veinte años que este disco tan ignorado salió a la luz. Ignorado en el sentido de no estar en la memoria de los grandes momentos de esta banda inglesa, cuando en realidad este disco es quizás el que mejor captura la esencia e identidad de Stereolab como banda. El disco no es recordado por los icónicos momentos de la banda como en “Emperator Tomato Ketchup”, “Peng!” o “Dots and Loops”.

Podrían haber muchas razones que explicaran de manera lógica el porqué “Cobra and Phases Play Voltage in the Milky Night” no es un disco que sea recordado como la punta del pináculo de su etapa creativa, pero el disco retrata pero es una etapa de esta carrera que vale la pena recordar.

Para este punto de sus carreras ya habían explorado todas los resultados de haber experimentado con la repetición y la nostalgia del sonido del pop en los sesentas.
Para el final de los noventas la agrupación inglesa optó por explorar su segunda pasión de sonidos brasil de los sesenta.

La propuesta es una combinación de tropicalia con bossa-nova coqueteando con aspectos más modernos como un enfoque principal en la síntesis, más que en los instrumentos de una agrupación tradicional. Las guitarras son limpias, las canciones tienen las texturas menos bañadas en distorsión y el arreglo de la estructura es más articulado.

Eso no quita el hecho de que no dejan atrás el agradecer los proyectos que los inspiran al nombrar canciones en su honor música a sus inspiraciones. En este disco le hacen un homenaje explícito a “The Free Design” (banda de pop experimental de los sesentas). Uno pensaría que este disco fué producido por Phil Spector.

Pero hay influencias más escondidas dentro de la capa de bossa nova y “avant-pop”, en tracks como “Infinity Girl” juegan con géneros como el afrobeat. Al mismo tiempo, el puente en medio de “Italian Shoes Continuum” es pasaje más parecido a la música de Boards of Canada o Mouse on Mars que a las influencias brasileñas más evidentes en la mayoría de las canciones.

Son momentos que resaltan mucho a pesar de no ser nada más que partes que tienen la función de hacer respirar la primera sección, pero contradicen el carácter pop de la superficie. Esas pequeñas sorpresas las que le dan un carácter muy especial a este disco de carrera tardía.

Hay una tercera influencia en el disco que está aún más escondida, pero como Tim Gane confesó en una entrevista al Washington Post: “Siempre ha habido una influencia de Steve Reich y Philip Glass en muchas de nuestras canciones.” “Por mucho que siempre he tratado de cambiar nuestra música, nos siguen interesando ciertos temas y motivos. La repetición es uno de ellos”

Es justo por la mitad del disco cuando las canciones cortas orientadas hacia el pop son divididas por un interludio que a la vez las contradice. Black Milk es un regreso a la repetición de diez minutos más. Pero lo interesante en esta canción es el enfoque que le dan al minimalismo más acercado hacia los compositores más recientes música clásica contemporánea.

Claro que hay una parte ​motorik​ al estilo de NEU!, pero las partes que la preceden y la continúan son trances muy elegantes hechos de pocas cosas pero con mucha limpieza y delicadeza.

La segunda mitad es la parte que realmente junta lo mejor de los aspectos aspectos nuevos y viejos de la banda. Es la parte que hace que hace que valga la pena toda esa exploración del pop. Suena como una balada de Can con arreglos de Terry Riley.

Pero la cereza del pastel llega al final del disco con la canción homónima del disco. “Come And Play in the Milky Night” toma lo esencial de la bossa nova y lo usa para darle una nueva cara al motorik al sentirse como un ritmo estilo krautrock con mucho swing.

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