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Beginning: el nacimiento de una nueva voz

por: Mauricio Tinoco Pérez

Advertencia: La reseña de esta película contiene descripciones de delitos sexuales.

Dea Kulumbegashvili, cineasta georgiana, lanzó su ópera prima Beginning el año pasado. En el Festival Internacional de Cine de San Sebastián se llevó 4 de los 7 principales premios y fue aclamada por la crítica como “la película internacional del año”.

El cine se ha vuelto un terreno fértil para diversos artistas. Agnès Varda estudió fotografía fija, igual que Stanley Kubrick. Guillermo Arriaga ha viajado entre la novela de ficción y el cine. En este medio, grandes artistas han podido expresar ideas y emociones que a través de otro medio no han logrado.

El largometraje se encuentra plagado de situaciones machistas y sexistas. Desde el punto de vista de “la esposa” de una especie de pastor religioso, cuya única función es apoyarlo a él en lo que sea que necesite.

“Hasta los 17 años comencé a ver películas, antes de eso no había manera porque estábamos (en Georgia) en una guerra civil. Antes de eso leía mucho, me perdía en el bosque, jugaba en la calle con otrxs niñxs” comenta Dea durante la entrevista exclusiva de MUBI que sale después de la cinta. Beginning es la historia de la esposa de un líder local de los testigos de Jehová. Su nombre es Yana y sus problemas existenciales son los mismos que los de muchas personas, ¿qué sentido tiene seguir aquí? ¿por qué siento que ya no puedo más? Las preguntas que se hace siempre encuentran una pared fría y desinteresada en su esposo, David.

La película comienza con una escena fascinante; Yana está preparando todo en un salón de conferencias. Acomoda las bancas, prende las luces. Poco a poco, los feligreses comienzan a llegar y a sentarse. David, el líder, entra y comienza a hablar de un pasaje bíblico. La energía es pausada, tranquila. Súbitamente, alguien abre la puerta y avienta una bomba molotov. Cunde el pánico, todxs quieren salir, pero las puertas están bloqueadas. El salón de conferencias también está ardiendo por el exterior. La cámara nunca se mueve. Todo el tiempo, desde que inició la escena, se quedó estática. El mensaje es claro: no son bienvenidos.

La secuencia inicial, en la que incendian el salón de conferencias de los testigos de Jehová es hipnótica. Una muestra cruda de lo que es el odio.

La capacidad de Dea Kulumbegashvili de transmitir emociones es algo que pocas veces se encuentra en el cine. La cámara está usada de una manera anticuada, y sin embargo no es algo teatral lo que estamos viendo (esto pasaba mucho en los inicios del cine. La cámara se dejaba estática en un lugar y todas las acciones pasaban frente a ella). Todo lo contrario, la capacidad de la actriz principal y el resto del elenco de transmitir lo que sucede es magistral.

En un momento de la cinta, Yana camina por el bosque junto con su hijo, Giorgi. Mientras él juega, ella se acuesta en el pasto. Lo que vemos durante los siguientes 6 minutos es su cara; la luz cambia, los sonidos también, pero su rostro se queda igual durante ese tiempo. La capacidad de una directora para poder jugar con los elementos que hay fuera del cuadro es justamente lo que permite que la cinematografía exista. Literalmente está pensando fuera de la “caja”, está comunicándose a través del lenguaje cinematográfico, el cual siempre ha sido maleable al gusto de cada directorx.

Hacia la mitad de la película, un detective de policía viola a Yana. Una escena que ocurre lejos de la cámara; no podemos escuchar gritos ni gemidos, solamente observamos el forcejeo y la consumación del acto, ¿cómo seguir adelante después de eso? ¿realmente esto era lo que le faltaba a la vida? ¿ahora Yana tiene un propósito?

“Hace algunos años leí en el periódico que una mujer había asesinado a su hijo. Eso fue todo, ninguna explicación. Quise explorar eso, quise saber qué tipo de vida pudo haber llevado una mujer para que hiciera eso.”, apunta la directora en una entrevista realizada por Notebook. Yana, en la penúltima secuencia, asesina a Giorgi. Le da un licuado con un bote entero de pastillas para dormir. Se lo dice a su esposo, David, con naturalidad.

— ¿Dónde está Giorgi? Se fue a dormir muy temprano.

— Lo acabo de matar.

No podemos hablar de Beginning sin hablar de la magistral fotografía de Arseni Khachaturan, un director de fotografía bieloruso de apenas 28 años que probablemente se convierta en un referente de su generación.

La película termina de la misma manera en la que empieza, con una imagen bíblica y misteriosa, que seguramente habitará en la mente del espectador para siempre. En Dea podemos encontrar influencias tan diversas que sería imposible nombrar una que predomine. Lo que es seguro es que nos encontramos frente a una directora que tiene una voz propia, una manera de dirigir que sobresale de lo que se está haciendo hoy en día en el mainstream; Beginning es el nacimiento de una artista: Dea Kulumbegashvili.

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