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Breviario de jingles mexicanos

por Santiago Gómez Sánchez 

Hemos hecho de la música una herramienta para varias cosas, desde transmitir emociones hasta vender productos. En México han existido jingles que han trascendido el tiempo y el espacio y que hoy se mezclan con nuestras memorias y experiencias de forma muy extraña. Estos son algunos de ellos.  

Entre las cosas que el sistema capitalista ha aprendido a explotar está la música. Según un reporte de la RIAA (Recording Industry Association of America), en el 2019 se generaron 11.1 mil millones de dólares en ingresos en la industria musical (streaming, ventas de álbumes, etcétera). Pero esta mega industria no es la única forma en la que nuestro querido sistema económico ha sabido clavar sus garras en algo tan inmaterial y atemporal como lo es la música. Gracias a él, una buena parte del tiempo nuestra cabeza se ve ocupada por pequeñas canciones parasitarias que conocemos con el nombre de jingles, que son compuestas con el fin exclusivo de promocionar un producto. 

Ya sea que tengas guardados en la cabeza pedazos de jingles que no hacen mucho sentido o si eres el tipo de persona que se sabe las canciones de la Pandilla Telmex de memoria, lo más seguro es que exista por lo menos un rastro de estos en tu memoria, ya sea en forma de nostalgia por un tiempo donde todo era más inocente o como un molesto recordatorio de que nunca estamos libres del voraz consumismo que nos exige el capitalismo. Ya que no nos podemos zafar de estos, hemos decidido recordar esos jingles que han sido claves en la experiencia televisiva mexicana y que, tal vez, nos ayuden a repensar la forma en que consumimos música. ¿Qué nos están vendiendo cuando creemos que no nos venden nada? 

Como bien mencionaron Raquel y Víctor en su emisión de la semana pasada, este jingle de Chicle Maya es de los más antiguos de los que se tiene registro. Compuesto en 1923, este anuncio suena tan antiguo y ajeno que te hace creer que los chicles son cosa del pasado y ya ni siquiera existen. La forma en que termina no ayuda: “ porque no hay nada más sabroso, y que más pueda gustar, después de fumar”. Este jingle, más que vender, es ahora un recordatorio de un tiempo que hoy es pura memoria. Lo más probable es que todos los demás anuncios que componen esta lista se conviertan, en un futuro, en pequeñas ventanas hacía lo que alguna vez fuimos.  

Pasados los años me doy cuenta de que este jingle suena más como una orden que como una canción divertida. Aquí no hay una invitación. Los altos mandos de Nestlé nos estaban informando de nuestra obligación de chupar el “Dedo Loko”. Ver este anuncio, pues, era como firmar una sentencia de muerte: o chupabas el Dedo Loko, o dios sabe que podría suceder. La paleta estaba medio mala, pero el palito en el que venía era como un resortito que te podías poner como dedal y era lo que sazonaba de “loka” una experiencia que, de otra forma, solo hubiera sido comerte una paleta equis. 

No hay base de reggaetón que haya marcado tanto a la sociedad mexicana como ésta. Estoy seguro de que, aún en mi vejez, cuando ya no me acuerde de mi nombre ni de la cara de las personas que alguna vez amé, en mi cerebro seguirá sonando como un eco: “Genoprazol para… la gastritis”. No quiero manchar este jingle con opiniones vacías, la banda de Genoprazol sabía bien lo que hacía. Ritmos latinos e imágenes de gente bombardeándose el estomago con tacos y chile; este anuncio es uno de los retratos más fidedignos de la sociedad mexicana que se han hecho en la historia. 

Un clásico indiscutible con el que Vermox nos demostró que tener enfermedades gastrointestinales puede ser también un asunto bailable y divertido. Lxs actores se rascan al ritmo de una canción que suena como si la hubiera compuesto el primo raro de Depeche Mode y Moenia. Con letras como: “si tu sientes que te pica la colita, en una de esas tienes lombrices”, este anuncio es un testimonio de que, para triunfar en esta vida, hay que tomar riesgos y hacerle caso al pasante que cree que es buena idea mostrar a personas rascándose la colita en televisión nacional. 

Por último, no podía faltar aquella rola que estoy seguro que más gente se sabe que el himno nacional completo. La Costeña en verdad se voló la barda con este jingle. Me atrevería a decir que ese bote de cátsup en específico es el bote de cátsup más icónico que jamás haya existido. Si Andy Warhol estuviera vivo hoy… bueno, creo que me doy a entender. 

Menciones honorificas: Tortillinas Tía Rosa (“por su rico sabor casero”), Duvalín (“no lo cambio por nada”), Fabuloso (“hace feliz a tu nariz”) y Sico (“si confió”). 

(Nota del autor: este texto no es un anuncio)

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