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El mal querer; la creación de Rosalía

Por Garcia Laurel

Rosalía, es una artista de vocación que estudió composición, piano, flamenco como cantaora y bailaora. Para ella, su carrera empezó desde los trece años, cuando buscaba ganarse la vida en los escenarios. Actualmente, es considerada la artista emergente más importante de España. 

El segundo disco que publicó, El mal querer, es parte de su trabajo de titulación para recibirse de la carrera de flamenco en la Escuela Superior de Música de Cataluña. 

Rosalía desarrolla una historia en cada canción que se entrelaza con todos sus elementos; la lírica, armonía, melodía, artwork, videos y en vivo. Este álbum es conceptual unificando el tema del amor/desamor y la violencia de pareja. 

Se inspira en la novela de Flamenca (XIII), la cual cuenta la historia de una mujer que vive una relación violenta. Esta dramaturgia que adapta Rosalía, cuestiona el idealismo del amor y sí han cambiado las formas de relacionarnos como pareja.

La producción experimenta con el flamenco como base melódica y una voz centrista, fusionando música pop, africana, cantos gregorianos, ritmos urbanos,  samples, auto-tunes y sintetizadores

La iconografía de El mal querer

Filip Custic, diseñó la portada y 11 imágenes más para ilustrar cada una de las canciones. Su obra es simbólica, inspirada en el mundo onírico del surrealismo. Sus influencias son una mixtura de épocas dotando de un misticismo intenso al proyecto.

La portada comparte elementos en común de La inmaculada concepción (1768) de Giovanni Battista; la paloma, nubes y nimbo de estrellas.

Malamente, el capítulo del Augurio, presenta a una diosa, controlando los hilos del universo, como si fuera una Moira

Que no salga la luna – Capítulo 2, se inspira en Las dos Fridas (1939) de Frida Khalo y Amor sagrado, amor profano (1908) del español Julio Romero de Torres. “Si hay alguien que aquí se oponga. Que no levante la voz. (Que no lo escuche la novia)”, le canta Rosalía al sufrimiento, a la sumisión y a las preocupaciones de la futura novia.

Pienso en tu mirada, nos evoca a El nacimiento de Venus (1485-1486) de Sandro Botticellii. Custic plasma la belleza, sensualidad, fertilidad a través del agua y sutilmente lo siniestro, en la postura de las manos como cuernos de toro, representando los celos y la violencia. 

El capítulo 6: Clausura, retoma la pintura Naranjas y Limones (1927) del ya mencionado Julio Romero de Torres. Filp usa las naranjas para ilustrar la madurez de Rosalía y su vínculo con lo terrenal. Mientras que el número siete se repite en los triángulos, puntos de luz y lunas. 

Bagdad – capítulo 7, es una parodia de Eva en el fresco de Miguel Ángel,  La Caída del Hombre, pecado original y expulsión del Paraíso (1509). Filip señaló, que los puntos dorados, como estigmas, son el aprendizaje del sufrimiento. Entendiéndolo como el arte Kintsugi; crear a partir de algo roto. “Voy a tatuarme en la piel. Tu inicial porque es la mía. Pa’ acordarme para siempre. De lo que me hiciste un día”, estrofa de A ningún hombre: Poder.

Por otro lado, el videoclip del capítulo 7 – Éxtasis (producido por CANADA), usa el erotismo de La maja vestida (1800 / 1808) de Francisco de Goya, pintura que tiene una hermana La maja desnuda (1790 y 1800). Ambas pinturas se les reconoce también como La gitana, en lugar de La Maja.

Bagdad es el cambio de conciencia que rompe con el papel de la mujer sumisa para responder a sus propios deseos. La asunción de Rosalía. El disco, es el viaje que hace Flamenca, interpretada por Rosalía, para recuperar su libertad. Por lo tanto, el arco narrativo de El mal querer conlleva un proceso de exploración, valoración y salvación.

El pecado original y El mal querer son una antítesis,  ya que al ser tentados Adan y Eva, pierden la inmortalidad y la exención de sufrimiento, mientras que al rebelarse la Flamenca de Rosalía, se libera dejando atrás el sufrimiento. Eva, es a El pecado original, como Rosalía, es a El mal querer.

Al mismo tiempo, El mal querer, es un símil de El pecado original; Al comer el fruto del árbol del conocimiento se desobedecen las normas impuestas. Así como las mujeres que son víctimas de una relación violenta, además, de luchar por su seguridad tienen que enfrentar a una sociedad que las juzga. Pensemos en el caso de Flamenca, esta obra causó escándalo y fue censurada por hablar del adulterio y no por perpetuar la violencia de género.

El mal querer, lleva de portada a la Rosalía inmaculada que como ornamento porta la serpiente dorada, de brazos abiertos, la mujer empoderada que aprendió de su propio infierno. Pensando en la filosofía determinista; no venimos a este mundo a elegir cómo vivir, venimos a comprender porque vivimos así. “Antes de caerse al suelo. Ya sabía que se rompía”, estrofa de Augurio. A ningún hombre consiento. Que dicte mi sentencia”, fragmento del Cap. 11: Poder. 

Rosalía como madre de El mal querer nos involucra en un experiencia sinestésica. Crea un disco cíclico que comunica en cada una de sus facetas, que se fundamenta en la tradición artística para evolucionar con ella. “Hay que conocer lo que se ha hecho para intentar hacer una propuesta … todo está hecho ya … el contexto crea la ilusión de que es algo nuevo”, declaró Rosalía en una entrevista para Aire Libre.

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