Aire Libre en vivo

Aire Libre en vivo

Música continua

Música continua

El origen de todas las cosas: la cultura del ocio y el negocio

La ansiedad es el trastorno psiquiátrico más importante en el mundo con el que viven más de 264 millones de personas, según la OMS. 

Por Ximena Eunice Manjarrez 

Collage: Watch Out! de Andrés Gamiochipi

A propósito del origen de todas las cosas, existe una en particular en relación con Tales de Mileto, quien creía que el agua era la génesis de todo aquello que lo rodeaba. La respuesta quizá suene absurda hoy en día, pero no hay que olvidar que nos encontramos hablando de hace más de varios siglos y que la ciencia aún no se constituía como paradigma dominante. Además, haciendo un poco de imaginación inmersiva en la época, posiblemente la respuesta no lo parezca tanto si pensamos que Tales nació en Mileto, una isla que, como es obvio, se encontraba rodeada de agua, así que todo lo que observaba a su alrededor era este elemento. Por esto que no resultara difícil pensar que el origen de todas las cosas fuera precisamente el agua.  

De cualquier modo, a Tales se le atribuye haber colocado los cimientos necesarios por haber planteado la pregunta del millón, pues lo que buscaba era un principio físico o metafísico que rigiera las cosas y que las pudiera unificar. Pero lo más importante de todo fue su capacidad de haber mirado con ojos de infancia, justamente como lo propone Walter Benjamin. Y aquí la particularidad de la historia: ¿Qué ha pasado con esta capacidad de asombro a través del tiempo?, ¿Por qué cada vez somos menos capaces de reflexionar sobre nuestro entorno?  

Una de las teorías actuales es que, a diferencia del primer filósofo occidental, en la sociedad actual no tenemos tiempo para estar con nosotros mismos, y mucho menos para una cultura del ocio, sino del negocio. ¿Y qué es el negocio si no el negar al arte de estar consigo mismo? [Neg-ocio] Negar el ocio. Esta (in)capacidad es la responsable de mantenernos en contacto con el exterior, pues si bien es cierto que la  palabra ocio puede concebirse desde una perspectiva temporal como un lapso, como  un conjunto de actividades o como un estado del espíritu a saber de Eloísa López Franco, los muchos autores que han tratado el tema de éste han enfatizado más unos  u otros aspectos, pero pareciera como si los elementos que caracterizaron al ocio en  la Grecia antigua y en la Roma de Cicerón –contemplación creadora e ideal de vida  cuya antítesis es el trabajo; ocio equivalente a descanso del cuerpo y recreación del  espíritu– fueran necesarios recuperar para nuestros días.  

Y es que, una persona que niega su ocio es una persona incapaz de estar consigo misma, pues invariablemente debe estar en constante ocupación bajo la premisa de “ser productivo” o del “Yes, we can” que plantea Byung-Chul Han en su Sociedad del Cansancio, creando personas cada vez más agotadas, fracasadas y depresivas por obtener un falso ideal de éxito. Por otro lado, que la invasión tecnológica a la cual sucumbimos exponencialmente también haya contribuido a fomentar este tipo de cultura, provocando cierto malestar, como la ansiedad, en nuestra individualidad. Asimismo, en el cómo nos relacionamos ya no sólo con el entorno, sino con nuestra introspección. Seguramente, si abriéramos un instante de nuestras vidas al desenchufe, podríamos lograr dar respuesta a los cuestionamientos más extremos planteados por nuestra persona, tal como lo hizo en su época Tales de Mileto. 

Collage de Andrés Gamiochipi

De este modo, si algo ha hecho que perdamos nuestra propia capacidad de asombro, sin duda ha sido el constante ímpetu de progreso. Nuestra propia cultura nos lo exige:  ser personas de negocios es y será lo de hoy. La negación a un proceso de (auto) reflexión ha supuesto que nos volvamos vacíos (light) y que con ello vivamos sucumbiendo ante exigencias cada vez menos alcanzables y más limitantes y  excluyentes para gran parte de la población, generando así un sentimiento de  ansiedad y convirtiéndonos en sísifos de nuestras vidas, perdiendo de foco la  verdadera causa de lucha a saber de Judith Butler: una vida vivible.

Contenido Relacionado

Advertisement