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La telenovela mexicana, un producto de exportación

LAS TELENOVELAS MEXICANAS HAN SIDO EL PRODUCTO MÁS REDITUABLE DE LAS TELEVISORAS, PERO AHORA SE ENCUENTRAN EN UN MOMENTO DE CRISIS.

Son las 21:30 de la noche, huele a café con un toque de canela y piloncillo. Todos están en silencio. Solo se escucha a Aranza cantando: “Dime, si soy la responsable del tiempo transcurrido. No tengo el pecho erguido, ya no estoy tan deseable. Tal vez, no he procurado hacer cosas extrañas, tenderte algunas mañas, pero ni un momento he dejado de adorarte…” un tema compuesto por Armando Manzanero. Aparece Angélica Aragón y todos atentos; comienza la novela. 

Mirada de Mujer fue una telenovela transmitida por Tv Azteca en 1997, controversial pues relataba la historia de una mujer de edad madura teniendo una relación con un hombre dieciséis años más joven y determinada a alcanzar sus metas y sueños, ¿qué raro no? ¿una mujer con metas y sueños? -sarcasmo, aclaro-.

Las telenovelas forman parte de la vida cotidiana del mexicano y en cierta medida forjan; las creencias, convicciones, aspiraciones, la ética, lo que está bien y lo que no. Se adentran tanto en nuestra cultura, educación y costumbres que ver un episodio se puede convertir en un ritual de despejar la mente, en una reunión familiar, en un diálogo existencial o la búsqueda de la propia identidad. 

El origen

Todo inicia en 1957 cuando se produce la primera Telenovela, Senda prohibida, protagonizada por Silvia Derbez y patrocinada por Colgate-Palmolive. La creencia era que así como las radionovelas, éstas iban a ser vistas por amas de casa. Entonces eran promocionadas por detergentes y jabones – de ahí el nombre soap opera– incentivando así la compra de estos.

El Tigre, Emilio Azcárraga quien fundara lo que hoy es Televisa, vio una gran oportunidad en este tipo de argumentos melodramáticos. “Marcó el plan comercial de las telenovelas en Latinoamérica y, a través de ellas, logró expandir el alcance global de la televisión mexicana. Su decisión de defender el idioma español y no entrar en cuestiones de traducción fue, en particular, significativa”. Si llegaba a las casas de los mexicanos no sólo llevaba “diversión a esa gente” para “sacarla de esa triste realidad y de su futuro difícil”, sino que podría incidir en su comportamiento. 

Por un lado estaba la influencia cultural y social, pero por el otro el impacto económico que las telenovelas tenían en nuestro país, primero gracias a las exportaciones en Latinoamérica y luego al resto del mundo. Las ganancias eran grandes, pero también lo era la inversión. Según un artículo de 2016 de El Financiero; 120 capítulos rondaban los 6 millones de dólares, es decir 50 mil dólares por un capítulo de una hora de duración que de acuerdo con Gabriela Valentan, productora mexicana, los costos reales son difíciles de calcular pues implica varios departamentos. Claro, esta industria tan grande, paga, actores, productores, directores, camarógrafos, editores visuales y de audio, vestuaristas, maquillistas, diseñadores de set, carpinteros, locaciones, fotógrafos, y seguramente se me están olvidando otras profesiones y oficios que se ven involucrados en hacer una telenovela. 

Como todo, esto también es una cadena, si el contenido es bueno, el público responde y si el público responde, responden las marcas y es así cómo se recupera la inversión, llegando a recibir hasta un millón 153 mil 362 pesos por un spot de 30 segundos en horario estelar y un millón 521 mil 711 pesos si se trasmite una hora después. Eso en 2016 en Televisa, mientras que ese mismo año TV Azteca cesó las producciones de telenovelas.

Nuevos formatos

Según La Encuesta Nacional de Contenidos Audiovisuales 2015 del IFT, las telenovelas son el segundo contenido más visto en TV abierta con un 47 % de audiencia. Sin embargo, para 2018 éstas pasaron al tercer lugar con un 31% de audiencia superadas por películas 40% y noticieros 44%.

Los formatos streaming, las plataformas en línea, Youtube y las telenovelas turcas poco a poco se han abierto terreno y llaman la atención del público mexicano. Lejos quedó la época cuando los rusos, quienes tras la disolución de la URSS, decidieron importar telenovelas mexicanas para levantarle el ánimo a la población. Solo queda el recuerdo cuando Verónica Castro de Los Ricos También Lloran, permeó tanto en sus corazones que más de cinco mil rusos la recibieron en el aeropuerto, aparte de nombrarla embajadora de la paz. O María Rubio cuando dio vida a un personaje tan maligno y al mismo tiempo tan entrañable, Catalina Creel de Cuna de Lobos, que combinaba su parche ocular a la perfección con sus conjuntos, en su mayoría monocromáticos. 

Un personaje tan poderoso y emblemático que en el 2019 hicieron una nueva versión con Paz Vega. Lo mismo sucedió con Teresa-Olivier, Teresa-Hayek, Teresa-Boyer, Rubí-Mori, Rubí-Sodi, y ni hablar de las Marías, la Simplementela del Barrio, la del Mar y Mercedes. La telenovelas mexicanas eran las reinas del mundo.

Consideraciones finales

Es 2020 y si todavía la telenovela mexicana quiere liderar el mercado -porque bien le haría a la economía del país- su narrativa y formato debe evolucionar; ser más creíble, y que vaya de acuerdo a los tiempos; antes de que sean completamente desplazadas por las turcas -y no por buenas, sino porque es más rentable pagar su licencia que producir de cero. Por ejemplo, Mi Marido tiene (más) Familia, donde aparecen como personajes secundarios una pareja homosexual, fue un gran acierto.

La telenovela debería ser un reflejo de nuestra sociedad. Sumar nuevas personalidades que no se hayan indagado antes. Inspirar a los espectadores, desde nuevos planteamientos. No queremos una Mia Colucci 2 en la nueva versión de Rebelde de Netflix, a ella ya la conocimos. Queremos nuevos momentos y personajes icónicos; así como lo fueron Barbie con su fleco en Amor en Custodia o Silvana y Mariana en Cómplices al Rescate. Que resuenen tanto como las palabras de Itatí Cantoral en el papel de Soraya Montenegro.

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