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NICK CAVE AND THE BAD SEEDS- GHOSTEEN

Por: Andrés Lupone

El veterano Australiano de la poesía y sus secuaces regresan con la tercera parte de la trilogía que fueron sacando a lo largo de ésta década. La serie de discos comenzó en 2013 con “Push the Sky Away”, continuó con “Skeleton Tree” (2016) y finaliza con “Ghosteen” (2019).

Si algo caracteriza esta trilogía es la madurez y elegancia que la banda adaptó a su sonido y a las nuevas historias y personajes que habitan en la cabeza de Cave. 

En “Push the Sky Away”, la música representa una fase más contemplativa, y a la vez, ambiciosa. Podemos escuchar una sección de cuerdas y un coro de niños en “Jubilee Street”, más énfasis en los sintetizadores durante el track homónimo y referencias a Hanna Montana en “Higgs Bossom Blues”. 

Durante el proceso creativo de “Skeleton Tree, uno de los hijos de Cave murió en un trágico accidente tras caerse de un acantilado. El concepto de la muerte y la pérdida fue el tema central de “Skeleton Tree”, disco en el cual podemos escuchar la voz de Cave quebrarse con una vulnerabilidad que nunca había revelado en su personaje. La música misma también refleja el estado emocional al ser minimalista y basada en la repetición. Lo curioso del disco es que las Canciones fueran grabadas antes de la muerte de Arthur, de manera que las letras revelan un carácter casi profético de los eventos porvenir (Cabe recalcar que el disco en sí no habla específicamente sobre le muerte de Arthur, pero Ghosteen sí).

“Ghosteen” es un álbum conceptual que Nick Cave describe como “Un espíritu en migración”. Consiste en 16 canciones divididas en dos partes a las que Cave titula como “The Children” (Los niños) y “The Fathers” (Los padres). 

El disco abre con “Spinning Song”, una canción que usa a Elvis Presley como un icono de la mitología rockanrolera de América. 

Mientras va avanzando el disco podemos percibir como el cantautor australiano está con su cabeza en otro lugar. Quizás sea por la muerte de su hijo que reflexionó sobre la tentación de el jugar temáticas como la muerte y la obscuridad. Las letras del disco hablan de temas sobre vacíos más existenciales y personales. En “Bright Horses” podemos ver como cave cuestiona todas las etiquetas y su hartazgo de ver las cosas sólo por cómo son. 

En frases como: “And the little white shape dancing at the end of the hall. Is just a wish that time can’t dissolve at all” Podemos interpretar que Cave necesita ver éste halo de luz como algo mas que una simple ilusión óptica. 

La naturaleza baladística del grupo de canciones, a pesar de tener una carencia total de elementos rítmicos, posee un rango bastante dinámico y sorprendente a partir de muy pocos elementos. Por ejemplo, tanto la instrumentación de piano y violín de “Waiting for You” como la base de grabaciones de campo y marimba digital en “Night Raid” funcionan para darle una presencia mucho más fuerte a los poemas de perdida y las metáforas escondidas en una voz grave pero quebrada que refleja a un escritor/cantante en un largo proceso de duelo. 

“Sun Forest” es quizás la canción mas elegante y triste en el largo catalogo de la banda. La base instrumental consiste en tan sólo un piano de cola reproduciendo acordes menores en en un ritmo prolongado mientras un sintetizador adereza la tristeza con una melodía melancólica y un coro de voces femeninas entran a dramatizar las imágenes de “Espirales de niños escalando al sol”.

El interludio del disco llega con “Galleon Sun”, una canción que sorprende en el uso de instrumentos electrónicos (una refrescante serie de timbres que nunca habíamos escuchado en el grupo).

Conforme va avanzando el disco, imágenes de la memoria de Cave se repiten como si fueran temas de personajes dentro de una película. Imágenes de estar manejando hasta el mar y contemplar el sol sin decir nada. El sol también juega un papel importante en la temática del disco, siendo un símbolo de la reencarnación y el amor. 

Pero no todo son metáforas, en tracks como “Leviathan” (Quizás el mejor track de NCATBS de la década) las letras son simples, explícitas y con mucha carga emocional. Después de dos versos donde repite ésta imagen de estar viendo en la playa con aquella persona que ama, las letras caen en un refrán (“I love my baby and my baby loves me”) y cada repetición de la frase entra con un grado más fuerte en el quórum armónico. Es la definición de grandeza a partir del minimalismo. 

La segunda parte del disco consiste en una trilogía que reafirma a este disco como la posible obra maestra de Nick Cave. Comienza con “Ghosteen”, una larga canción cuya estructura trae consigo paisajes ambientales musicalizados con una orquesta. Pareciera como si estuviéramos viendo una película imaginaria con las letras de Cave como el hilo narrativo y poético.

Si tuviera que describir la música deprimente, tendría que dividirla en dos categorías. Ambas vienen de un mismo lugar de tragedia y lucha por entender los sucesos que marcan nuestra vida injustificadamente. Mientras una se regocija en ese lago de dolor y sufrimiento, la otra busca un rayo de sol y un reflejo de la luna en ese lago de miseria. A través de la tragedia se reencarnan en paz con el mundo y vuelven a ver lo más simple y bello de la vida desde otros ojos. “Ghosteen” es una canción que define esa segunda categoría. 

Sí, habla explícitamente sobre la muerte de su hijo, pero no se queda ahí, le hace un grandioso homenaje con un potente coro donde las palabras de Cave bailan con la memoria de su hijo y lo mantiene vivo a través símbolos como el sol. Cabe recalcar que en este bello coro escuchamos una batería por primera vez en una entrada gloriosa que contrasta a todas las oscuras atmósferas ambientales que creímos que habían caracterizado el disco, dándole mucho más fuerza a la letra, casi como si fuera el momento en el que el disco concluye con un rayo de luz en el abismo. 

La parte central de la trilogía se enfoca en perder las nociones de individualidad para aceptar el hecho de que tan solo somos pequeñas entidades que así como surgen se deshacen en un eterno ciclo natural que remite a una eterna danza con el caos. 

La última parte de la trilogía refleja a Nick aceptando la muerte como un hecho irremediable y la posición que toma ante ella. Mejor dicho en sus palabras: “And I’m just waiting now, for my time to come. And I’m just waiting now, for my place in the sun. And I’m just waiting now, for peace to come”. No se trata de ver la muerte desde un punto nihilista donde se justifica el vivir la vida como un caos sin sentido y propósito, si no como parte de un ciclo que termina en paz eterna. 

“Ghosteen” es más que un disco. Es una experiencia auditiva y poética. Es una película imaginaria que construye su narrativa a través de símbolos, metáforas y paisajes sonoros cuya delicadeza representa la fragilidad de éste tema central que nos une a todos como seres humanos: La vida y la muerte. 

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