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¿Por qué es racista el discurso del mestizaje?

Escena de castas

Cortesia: coolhuntermx.com
por Jumko Ogata


En el contexto latinoamericano el racismo ha tenido dinámicas asimilacionistas. Esto quiere decir que, particularmente a partir de los procesos de independización y creación de Estados-nación, los nuevos gobiernos se enfrentaron a la gran pregunta —¿Quiénes somos?

Si anteriormente estos territorios tenían en común su condición de colonias de España, cuando se emanciparon y dividieron de manera arbitraria; fue necesario crear una serie de características en común que pudieran dar cohesión a estos espacios con nuevas delimitaciones. La Nación tiene una lengua oficial, un territorio delimitado, tradiciones y una historia en común que comparten todos los pobladores de este espacio. En México, parte de esta historia común fue ubicar la leyenda del mestizaje como origen y nacimiento de la población mexicana. Esta narrativa presenta al imperio Mexica y a los conquistadores españoles como las dos raíces que dieron origen a una nueva raza; los mestizos.

¿Por qué debemos dejar atrás estas ideas para concebir a la población mexicana?

En primer lugar, el mito del mestizaje sostiene la existencia de la raza como una categoría biológica de importancia; cuando en realidad, se trata de una división meramente social *(1). Si consideramos a la raza como una categoría biológica, asumimos que existen características que son inherentes a cada una, y así se perpetúan estereotipos y prejuicios sobre las personas que son percibidas como parte de una raza u otra.

Entonces, si pensamos que un grupo de personas tiene ciertas habilidades o defectos “naturalmente”, estamos manifestando y manteniendo construcciones racistas. Porque de manera inevitable existirán más características positivas o negativas asignadas a cada raza, creando jerarquías y por ende la suposición errada de que hay unas mejores que otras. Incluso las ideas que creemos inofensiva resultan dañinas, porque encasillan a las personas en determinados roles. Por ejemplo, en la publicidad mexicana las personas morenas únicamente salen en programas de ayuda social o trabajadores domésticos. Si estas son las imágenes que vemos reproducidas en los medios día tras día, de manera inevitable se hará una relación entre estos ámbitos y las personas morenas.

En la realidad, esto se traslada a que si nos encontramos con personas morenas en otros espacios, por ejemplo, como empresarios o profesores, nuestros referentes nos harán pensar que estas personas no pertenecen. A su vez, esto puede provocar microagresiones racistas o acciones de mayor escala.

Las actitudes, habilidades o defectos que una persona pueda tener son el resultado de su individualidad y de su contexto, y pensar que pueden tener un origen “natural” es profundamente violento, pues, como afirmaba anteriormente, pone a toda un grupo de personas en situación de supuesta inferioridad.


Por otra parte, el mestizaje como narrativa fundacional plantea que todos somos el resultado de una mezcla racial, y la idea lógica consecuente es que no podemos ser racistas porque todos somos mestizos. Esta idea impide tener un punto de partida para hablar del racismo en nuestros países —¿cómo vamos a ser racistas si nos mezclamos con todas las razas?

Lo que no se dice es que esta mezcla de razas se llevó a cabo con el propósito de acercar a toda la población hacia la blanquitud. Como hemos escuchado tantas veces incluso en nuestras propias familias; de “mejorar la raza”. El racismo asimilacionista también supone que existen las razas biológicamente, y que existen unas mejores que otras. No obstante, cree que esta inferioridad puede remediarse si se mezcla con la raza blanca y se “mejora”. Por ello es que ocurre el mestizaje —no porque se aprecien y acepten las diferencias entre las supuestas razas, sino para blanquear a la población de manera generalizada, no sólo físicamente sino también culturalmente.


La construcción de las razas tiene que ver con el lugar de origen de algunas poblaciones*(2), pero no determina la “raza” de una persona; ésta depende de nuestro cuerpo y de cómo es percibido y categorizado por los demás. Entonces, una persona puede tener piel oscura y rasgos que son entendidos como “africanos” (cabello rizado, nariz ancha, labios gruesos) y no necesariamente significa que tiene un mayor porcentaje de genes africanos. No obstante, el imaginario que plantea la leyenda del mestizaje equipara el lugar de origen con la etnicidad y las características físicas. Así, en lugar de pensar en las personas indígenas americanas como un grupo diverso dentro del cual existen una variedad de características físicas, lenguas y culturas que conviven con distintos ecosistemas, estos elementos se combinan de manera indiscriminada y confluyen bajo la categoría de “raza indígena”.

Por ello, es preferible pensar en la racialización en lugar de la pertenencia a una raza, pues tanto las características físicas como el idioma que hablamos y la cultura que tenemos forman parte de la manera en la que somos percibidos por los demás. Otro elemento importante a cuestionar dentro de la leyenda del mestizaje es la “unión de lo mejor de cada raza”. Si se supone la existencia de razas que tienen valores y características inherentes, y el mestizaje aboga por la mezcla de estas razas y lo mejor que puede ofrecer cada una:

¿Quién determina cuáles son los valores “buenos” y malos”?

Esta respuesta es evidente si hacemos un análisis de las construcciones revisadas hasta ahora; quienes crearon las categorías raciales fueron las personas que se posicionaron en la cúspide de esta jerarquía, es decir, los europeos que posteriormente se categorizaron como “blancos”. Así, claramente los creadores de la “raza” se pondrían a sí mismos como la mejor raza, y a los valores propios de su cultura como superiores. En este sentido, el mestizaje tendría como objetivo no sólo el blanqueamiento de la población sino la adopción de los valores e ideas europeos *(3).


Es por estas razones que es necesario pensar el antirracismo fuera de estos parámetros. Aunque de manera superficial podría parecer que el discurso del mestizaje es amigable y que invita a la convivencia y diversidad, tiene un trasfondo racista que supone que la mezcla es únicamente con el propósito de “mejorar” las que no se alinean con lo blanco. Para pensar en términos realmente antirracistas, es necesario dejar atrás los esquemas impuestos durante la colonización y plantear nuevas maneras de luchar contra la desigualdad racial y el racismo.

REFERENCIAS

1 Para mayor información consultar el capítulo 4, “Biology” de How to Be an Antiracist de Ibram X. Kendi.
2 Para mayor información revisar: Genómica mestiza. Raza, nación y ciencia en Latinoamérica, editores Carlos López Beltrán, Peter Wade, Eduardo Restrepo, Ricardo Ventura Santos ; trad. de Sonia Serna, México, FCE, 2017.
3 Para mayor información revisar el ensayo de José Vasconcelos titulado La raza cósmica.

Maldición de Ham

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