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Repensar las masculinidades desde la experiencia homosexual: modelos positivos y no violentos de vivirla Copy

Mauricio Ariza Barile1

Uno pensaría que identificarse como hombre gay significa rechazar los modelos hegemónicos de la masculinidad tradicional, aquella que se construye en contraposición a lo femenino o a todo aquello que pueda interpretarse como tal; es decir, el espacio en el cual “se fomenta la identidad masculina por oposición en un proceso de diferenciación de lo femenino, y como reacción de un proceso de identificación”.2 Hay que reconocer, por lo tanto, que muchos hombres gays son machistas.

Primero es importante definir qué entendemos como masculinidad. En su explicación más tradicional, esta es el “conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son característicos de un hombre en una sociedad determinada.”3 Cabe destacar que estas conductas son el resultado de procesos y aprendizajes y que, como tal, rara vez se cuestionan. La masculindad tradicional o hegemónica privilegia características tales como la fuerza física, el éxito económico, la racionalidad sobre la emoción y la hipersexualidad y de esta forma establece modelos de conducta y jerarquías entre distintos tipos de hombres. Esta construcción identitaria, por lo tanto, rechaza todo aquello que pueda leerse como femenino a partir de estereotipos machistas.4 Muchas veces, las comunidades gay reproducen de manera directa y acrítica patrones, pensamientos y comportamientos heredados de la masculinidad tóxica, los cuales se entrelazan con otras formas de dominación y opresión como el racismo, el clasismo o el capacitismo, por nombrar algunas. 

La homofobia es un sistema de opresiones y dominación. Según Oscar Gausch, constituye “un dispositivo de control social que marca los límites de género prescritos a los hombres y que estigmatiza a quienes no los alcanzan y también a quienes los quiebran”.5 De esta forma, la homofobia va ligada con el discurso de la hipermasculinización que continúa tan vigente en ciertos sectores homosexuales. Resulta crucial, así, hacer un llamado a estas conductas con respecto a lo que la sociedad acepta como “ser hombre” porque a menudo resultan un vehículo para violentar a aquellos que salen de este molde (hombres percibidos como no viriles, hombres queer, binarios o no ciscordantes, por ejemplo).

Más allá de los discursos de “amor es amor” que vemos durante junio, tenemos que revisar de qué manera la misma comunidad de hombres gay sigue enalteciendo en muchas ocasiones la virilidad y la hombría como modelos óptimos de deseo, aspiración y belleza. Por ejemplo, los estereotipos en torno a los roles sexuales y manierismos están entendidos, aún, como representaciones clave de la masculinidad. En décadas recientes, el término “plumofobia” ha cobrado gran vigencia en ciertos sectores LGBT+ y no es otra cosa que homofobia dentro la misma comunidad; una aversión a lo que es percibido como femenino o poco viril. De esta forma, existe una relación directa entre la misoginia, el machismo y la homofobia y los gays que eligen hipermasculinizarse responden a un sistema que los premia por hacerlo. La hipermasculinización es vista, a veces, como una medida para evitar formas de discriminación por orientación sexual. Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG), entre las personas LGBT encuestadas, un 87% manifestó haber experimentado conductas de burla o molestia hacia otra persona por su orientación sexual o identidad de género en la escuela, un 80% en su vecindario y casi un 70% en la familia.

Por otra parte, de acuerdo con la misma encuesta, un 52% de hombres gays manifestó haber “escuchado o visto comentarios o conductas negativas hacia un compañero (a) de trabajo por su orientación sexual o identidad de género”. Ello nos obliga a reflexionar sobre si la exacerbación de la masculinidad funciona también como una especie de escudo frente a sociedades homofóbicas y misóginas. 

Los hombres estamos obligados, por congruencia, a hacer frente a nuestras violencias, a revisar nuestros privilegios tácitos derivados del modelo de la masculinidad hegemónica y a experimentar nuestra sexualidad y relaciones inter e intra genéricas con empatía y respeto frente a todas las manifestaciones de la diversidad humana. Reconocer las masculinidades en la diversidad es un paso crítico para abandonar conductas machistas y violentas tanto con nosotros mismos como con el resto de las personas que nos rodean. Cuestionar los modelos clásicos y estándares de virilidad y hombría es un proceso de deconstrucción de significados sobre lo que entendemos como masculinidad. El viraje tiene que centrarse en visibilizar todas las expresiones, cuerpos, manerismos, actitudes y formas de vivir la masculinidad de manera positiva. La meta más significativa es, sin duda, romper con estereotipos rígidos de género. 


1 Politólogo y Maestro en Derechos Humanos. Consultor en temas de Diversidad Equidad e Inclusión en una Big 4, Consejero en Gendes y profesional en Derechos Humanos. 

2 Navarro Garfias en Navarro Zamora “Nuevas formas de relación en la sexualidad humana” Universidad Iberoamericana. 2014.

3 Comisión Nacional de los Derechos Humanos “Respeto a las Diferentes Masculinidades. Porque hay muchas formas de ser hombre”.

4 Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres “¿sabes qué es el machismo?” disponible en el siguiente enlace 

5  Gausch. “¿Por qué los varones son discriminados por serlo?” en Masculinidades, heroísmos y discriminaciones de género: Félix Rodríguez González. 2007.

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