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RESISTENCIA SABOR APIO: MINI HISTORIA DE UN PULQUE PUNK

Por Santiago Gómez Sánchez

Fotografía: Los Tocinantes

Recuerdas que el primer pulque que probaste fue un curado de apio, en Las duelistas, tú y tus amigos pidieron un litro que se acabaron en menos de veinte minutos y después pidieron quién sabe cuántos más. Salieron de ahí todos inflados. No sabes porqué, pero ese día te diste cuenta de que tomar pulque era algo especial. Y es que, así como en el curado se mezcla el pulque natural con frutas licuadas para darle su sabor, durante los años se ha ido mezclando en el pulque una carga histórica y simbólica importante; tradiciones nahuas, campañas de desprestigio y tocadas punk, todas estas cosas se encuentran en el vaso del curado de mango que te tomas un viernes por la tarde. 

Alguna vez la Ciudad de México fue el principal punto de comercialización del pulque, dicen que en 1950 había unas 859 pulquerías. Hoy conoces solo tus favoritas: La hija de los apachesLa paloma azulLa pirataLas duelistas. Pero si hoy han sobrevivido es gracias a una larga historia de resistencia. El pulque nunca fue bien visto: en el virreinato las pulquerías eran “lugares de vicio, desorden y crimen”. En el porfiriato, se les ligaba al alcoholismo y la pobreza. Para rematar, después de que la industria cervecera se apoderara del mercado y el pulque se viera relegado a ser transportado y vendido en lugares de “mala muerte”, comenzó a circular el rumor de que se usaban excrementos en su proceso de fermentación. 

Fotografía del Libro Mazahuacholoskatopunk sobre la cultura punk contemporánea en la Ciudad de México (2009), Fotógrafo: Federico Gama

Pero por ahí de los noventa, la banda punk vio en el pulque más que una bebida embriagante, vio una forma de resistir y de hacer comunidad. Desde su uso en fiestas nahuas como el Izcalli hasta la forma en que siempre se ha transmitido el quehacer pulquero de generación en generación o entre compadres el pulque siempre ha sido una bebida cuyo valor radica en su capacidad de reunir a personas, tanto en el mismo espacio como a través del tiempo. Cuentan que en los tokines de esa época se empezaba a vender más pulque que chela, y es que este se encontraba fuera del circuito capitalista del cual era parte la cerveza. Además, la bebida carga consigo una importante cicatriz social, en la cual se lee el clasismo y racismo que se ha dado a lo largo de la historia de México. Tomar pulque era y es una forma de hacerle frente a todas estas ideas discriminatorias y opresoras que por mucho tiempo nos han atravesado y a nuestra cultura, y de recordar que, a pesar de estas, el pulque ha logrado sobrevivir. Hoy, algunos de esos punks pulkeros son las personas responsables de que existan lugares como la Pulqueria Insurgentes o el Real Under, y de que la percepción del pulque haya cambiado durante los últimos años. 

Ahora, en el futuro, cuando te encuentres reunido con amigos o desconocidos alrededor de un litro de pulque blanco porque ya no alcanzó para el curado ya sabes que historia contar: la vez que los punks encontraron en una bebida algo de su lucha también. Y cuando te levantes a poner algo en la rocola, tal vez esta vez te decidas por una rola de los Clash, ¿o de los Ramones? Mejor hay que ver si cargan con alguna de Size. Salud. 

(La mayoría de la información usada en este texto fue tomada de: “Pulque limpio”/”Pulque sucio”: Disputas en torno a la legitimidad y la producción social del valor” de Marisa J. Valadez Montes, publicado en la Revista Colombiana de Antropología, y “”Cuando empezamos no había hipsters”: cómo los punks rescataron la tradición del pulque en México” de Eliana Gilet, publicado en Vice)

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